Atraída por el Peligro
CAPITULO 17: “Alejarme de él”
Con la espalda pegada a la puerta y mi temblorosa mano aún sujetando la cerradura tomé un largo y profundo respiro. Creí que lo más complicado ya había pasado, pero sin lugar a dudas el dolor de mi pecho se acrecentó una vez que me vi fuera del cuarto sin saber qué hacer. Las lágrimas se acumulaban amenazadoramente en la comisura de mis ojos, por lo que incliné un poco la cabeza hacia atrás y pestañeé un par de veces hasta que no quedara evidencia de mi pena.
Sentía un enorme vacío en mi pecho después de mi elección y temía que no volvería a llenarse hasta que no volviese con Liam nuevamente. El gran problema es que yo no pretendía volver con él, no mientras mi vida corriera tanto peligro a su lado. Además, si yo decidía quedarme con él, solo sería un estorbo. ¿Por qué? Lógico. Si estábamos en medio de un ataque Liam también intentaría cuidar de mí, lo que podría distraerlo y hacerlo vulnerable ante sus enemigos. Yo no sabía si él era el bueno o malo de la historia, pero no me importaba aquello, solo me interesaba que estuviese a salvo y luego de esta elección esperaba que así fuese.
Volví a ponerme el bolso en mi espalda y caminé por el pasillo, que se me hizo mucho más largo de lo normal, hasta llegar a las escaleras. Me detuve allí dos segundos para oír dónde estaban los demás, ya que no pretendía toparme con ellos, ni que se enteraran de mi intento de escapar. Cuando estuve segura que estaban todos lejos comencé a bajar silenciosamente, apoyando solo la punta del pie en los escalones y muy atenta a las voces de los chicos. La mejor opción era salir por la puerta de la cocina pues daba directamente al bosque, por lo que caminé cuidadosamente hasta allí.
— ¿Qué habrá hecho para recibir tal amenaza?—me detuve al oír la voz de Zayn dentro de la cocina.
—Es una buena pregunta—le contestó Faye, al mismo tiempo que sonaba el chirrido de una silla moviéndose. —Estoy muy nerviosa con todo esto—refunfuñó la pelirroja.
—Ven aquí—la dulzura en la voz de Zayn me sorprendió. —Todo estará bien, ya verás—habló luego de unos segundos de silencio.
Curiosa me asomé un poco por el marco de la puerta y vi la escena. Zayn estaba sentado sobre uno de los muebles de la cocina abrazando a Faye, quien permanecía de pie. Ante la romántica imagen tuve sentimientos encontrados, pues por un lado estaba feliz por Zayn que había logrado avanzar en su conquista, mientras que por el otro sentí muchos celos. ¿Por qué ellos podían vivir su amor pese a todo lo que estaba pasando? Por más que me matara ver como él la tomaba entre sus brazos, yo no podía quitar la mirada de ellos.
— ¿Noeh?—me giré abruptamente cuando oí la voz de Harry tras de mí.
—Me has asustado—le critiqué en un susurro para no llamar la atención del morocho y la pelirroja.
— ¿Por qué estás con el bolso?—su pregunta sonó más como una acusación.
La verdad es que no supe que responderle sin que él se alterara. Yo lo conocía perfectamente y tenía más que claro que se molestaría por mi inmadura decisión de escapar al bosque en busca de ayuda para volver a casa, como también por no haberlo integrado en el plan. Pensé varias maneras de esquivar el tema, pero él siempre se daba cuenta cuando mentía por lo que esa no era una escapatoria, lo único que me quedaba por hacer era contarle y escuchar su opinión.
—Vamos a otro sitio—le hice un gesto para que viera dentro de la cocina, dándole a entender el porqué quería buscar otro lugar para charlar.
Los nervios me estaban matando por dentro con cada paso que daba, presintiendo la molestia que causaría en Harry mis confesiones. De todas maneras me mantuve firme y caminé hasta las escaleras. Cuando llegamos hasta allí le ofrecí que subiéramos, pero él fríamente rechazó mi propuesta y se sentó en el primer escalón. Mi mejor amigo estaba listo para comenzar la conversación, pero yo no lo creía así, ya que era evidente que él seguía molesto por nuestra discusión anterior.
—¿Vas a hablar o no?—preguntó de mal modo.
—No si estás actuando así—le respondí cruzándome de brazos.
—¿Cómo quieres que actúe?—no sabía qué responderle. —¿Quieres que finja que todo esta bien entre nosotros dos?—sus palabras salieron de su boca tan afiladas como un cuchillo, lastimándome en lo más profundo del corazón. —No me mires con esa cara—soltó.
—¿Ves?—me miró con curiosidad. —No saco nada contándote—agregué dolida.
—No es nada nuevo que me andes ocultando las cosas—el tono que estaba empleando para hablarme no me agradaba para nada y menos que siguiera repitiéndome lo mismo.
—Harry ya no tienes cinco años, no puedes enojarte tanto por una estupidez—le debatí.
—Y tú también ya estás bien grandecita para saber que los problemas no se solucionan escapando—me sorprendió darme cuenta que él ya me había descubierto mi plan.
—Si sabías lo que iba a decirte, ¿Para qué me preguntas?—lo ataqué enojada.
—Te estaba poniendo a prueba y has vuelto a fallar—se puso de pie. —Creo que nuestra conversación a terminado—me dedicó una falsa sonrisa y luego paso por mi lado.
Si permitía que él se fuera lo iba a perder para siempre, podía intuirlo. Sin embargo mi orgullo me estaba perjudicando mucho, pues no dejaba que las palabras fluyeran libremente y cada vez tenía menos tiempo.
—No te vayas—pedí en un susurro y luego me volteé hacia él para ver si había logrado captar su atención, pero simplemente lo vi alejándose aún más. —¡No quiero perderte! —dije en voz alta.
Él se detuvo en seco y espero unos segundos para voltearse y enfrentarme con su mirada.
—Iba a decírtelo—dije al deducir que él no iba a hablar. —Solo me daba miedo que te enojaras conmigo—me justifiqué.
— ¿Cómo no quieres que me enoje?—inquirió. —Me ocultas las cosas como nunca antes lo habías hecho—agregó.
—Cosas sin importancia—debatí.
—¿Besar a Liam es algo sin importancia?—dejó caer la bomba sin anestesia.
Si ya estaba nerviosa al comenzar la conversación, esto me puso al borde de mi resistencia. Tenía unas inmaduras ganas de salir corriendo, de encerrarme en un cuarto y quedarme allí esperando a que él olvidara lo que acababa de decir, pero mis pies parecieron haber creado un tipo de raíz allí, por lo que no fui capaz de moverme ni un solo paso. Entrecerró un poco los ojos y enarcó su ceja izquierda esperando una respuesta de mi parte que claramente ya estaba hecha con la reacción de mi cuerpo y de mi silencio.
—Eso ya no importa—murmuré con mi garganta contraída.
—¿No importa que hayas besado a quien nos tiene en este lugar, al culpable de todo?—el tono de desprecio en su voz me angustió aún más.
—Yo no sabía eso—me defendí.
— ¡Lo conoces hace menos de una semana!—agregó en voz alta. —¿Qué está pasando contigo? ¿En qué momento deje de conocerte?—cerré los ojos y me concentré en no derramar ni una sola lágrima. —Respóndeme, Noelle. ¿Cuándo te perdí?—respiré profundamente y luego abrí mis ojos encontrándome con lo vidriosa que estaba mi mirada. Estaba al borde de las lágrimas.
—¿Por qué haces todo tan difícil?—sentí la humedad que dejó el recorrida de una de mis lagrimas al escaparse. —¿Tú crees que las cosas son normales aquí?—me justifiqué.
—Eso lo tenía claro y dije que te entendía—me hundí en mis recuerdos intentando hallar el momento al cual él estaba haciendo referencia. —Tú te lo tomaste como si te hubiese llamado débil, ¿Recuerdas?—claro que si lo hacía, fue el momento de más tensión en nuestra conversación anterior, donde él había decidido marcharse.
—¿Por qué estamos haciendo esto?—dije tras unos segundos.
—Yo jamás quise que esto pasara—respondió firme. —Si estamos aquí es por tus secretos, por tu manera de esquivarme y por todos los cambios que has tenido—agregó.
—¿Qué quieres que te responda si ya lo sabes todo?—un sollozo se escapó al finalizar mi pregunta. Dios, no quería seguir llorando en este lugar.
—¿Por qué me esquivabas aquel día?
—¿Qué día?—crucé los dedos esperando que no fuera lo que estaba pensando.
—Cuando te atacaron—tragué saliva sonoramente.
—Fue simplemente efecto del shock—mentí, mientras en mi mente el recuerdo de la cercanía de Harry me inquietaban. Los mismos nervios que me hicieron esquivar todo contacto con mi amigo ese día volvieron amenazantes ahora.
—No te creo—me miró fijamente, haciéndome estremecer.
—¿Por qué?—pregunté al recuperar el aliento.
—Me dijeron otra cosa—contó.
¿De qué estaba hablando? ¿Qué le habían dicho? Me quedé en silencio esperando a que el continuara, pero por primera vez lo noté nervioso.
—¿Qué paso esa noche cuando dormimos juntos?—se me hizo imposible no buscar respaldo en la baranda de la escalera, pues realmente creí que mis piernas me fallarían.
—¿Por qué me estas preguntando esto? —no fui capaz de mirarlo.
—Ya te lo he dicho, me han contado algo y quisiera oír tu versión—me daba mucho miedo decirle lo de su cercanía y que él estuviese hablando de algo totalmente distinto. —Bueno, si no vas a hablar mejor me voy—volvió a darse media vuelta para irse.
—¡Para de hacer eso!—grité frustrada. —No entiendo a qué te refieres—dije cuando él volvía a prestarme atención.
—¿Por qué Liam te molestó aquella noche?—entendí que su pregunta era una clase de pista para que yo entendiese de qué estaba hablando y lamentablemente era lo que yo también estaba pensando. ¿Cómo le iba a explicar que disfruté con su cercanía? Simplemente no podía.
—Harry, estoy segura que sí sabes el porqué. ¿Es necesario que te lo diga yo?—soné bastante malhumorada, tal vez fue por el nervio.
—Sí sé que pasó—respondió resignado acercándose a mí. —Lamento que haya pasado eso, no era mi intención incomodarte—el tono de su voz fue mucho más dulce, como solía ser él naturalmente.
—Me da vergüenza que estemos hablando de esto—le sinceré.
—Louis tenía ciertas sospechas sobre…
—¿Louis ha sido quien te ha dicho todo eso?—lo primero que se me vino a la mente fue que el chico de ojos celestes le contó sobre mis supuestos sentimientos amorosos hacia Harry. —¿Qué te ha dicho?—lo presioné cuando el vaciló, dudando si estaba cometiendo un grave error al contarme.
—Olvídalo, nada importante—contestó tras la presión y como yo seguí presionando, no le quedó más remedio que agregar: —Tranquila, después de saber que habías besado a Liam supe que él estaba equivocado—.
Quise ir corriendo a golpear a Louis e increparlo por haberle dicho a mi mejor amigo que yo sentía cosas por él, ya que claramente no tenía ningún derecho de hacerlo, ni tampoco contaba con las pruebas suficientes. Odiaba que él hubiera provocado este incomodo momento entre yo y Harry que seguramente cambiaria mucho las cosas entre nosotros. Además de todo, tan solo imaginarme a mi amigo escuchando aquella tesis por parte del chico de ojos celestes me daba nauseas. ¿Cómo se lo habría tomado él?
Por más que intentaba formar una frase cuerda a la ocasión, no lograba hallar las palabras adecuadas. Temía que mis nervios se notaran demasiado al comenzar a hablar y que se pudieran mal interpretar tras lo dicho por Louis.
—Tranquila, no digas nada—su sencilla sonrisa me hizo recordar que él me conocía hace años, que sabía perfectamente como respondía ante tales situaciones y el porqué él era mi amigo. —No es la primera vez que creen que entre nosotros pasa algo más—rió suavemente quitando la vista de mí y dirigiéndola a un punto vació.
—Lo sé—le respondí en un murmuro. —Harry, lamento por haberte escondido las cosas, simplemente no considere que fuesen importantes—agaché mi cabeza y me senté en el mismo escalón que él había usado minutos atrás.
—Noeh, necesito saber algo—temblé al escuchar la gravedad que empleó al decir aquellas palabras. —Se honesta—agregó.
Asentí con la cabeza, pues sentía la garganta muy apretada como para contestar.
—Sé que Liam causó mucho en ti desde que lo viste—sentí mis mejillas arder de vergüenza. —Pero ahora, ¿Qué sientes por él?—inquirió con dureza.
Era una muy buena pregunta, ¿Qué sentía yo por Liam? Era bastante complejo de explicar lo que me estaba pasando con él, pues por un lado lo quería mucho, mientras que por el otro, quería alejarme de todo lo que lo involucraba. Mi cuerpo aún deseaba tenerlo cerca, verlo y ahora más que nunca anhelaba besarlo, pero mi conciencia no me lo permitía, ni tampoco mi orgullo. Todo lo que había pasado entre ambos lo había tachado como una especie de traición, ya que si él sentía cosas por mí, me debió haber advertido de que podía correr riesgos de tal magnitud o hubiera tratado de prevenirlos de algún modo.
Cerré mis ojos, inquietada por la intensidad de la mirada de Harry, e intenté concentrarme para formular una respuesta adecuada. El corazón me latía con fuerza al recordar los momentos que había vivido con Liam y el solo pensar que ya no iba a pasar nada parecido con él me causó un escalofrío que comenzó desde el pecho y se extendió por todas las extremidades de mi cuerpo. Perderlo era un gran miedo que tenía, pero era lo único que podía mantenerme con vida. Conmovida por mis pensamientos apoyé mis codos sobre mis muslos y escondí mi rostro entre mis manos, recién ahí fue consciente de la fuerza que ejercían mis ojos para evitar que se escaparan las lágrimas. Sentía como me temblaba el mentón y se comprimía mi garganta, escondiendo un inminente sollozo.
—Sé que es pronto—comencé en un hilo de voz. —Pero, lo quiero mucho—mi voz se quebró en un sollozo.
Me sobresalté cuando sentí dos palmas de manos sobre mis rodillas y al abrir mis ojos pude ver, entre la borrosa capa de lágrimas, que mi mejor amigo se había sentado sobre sus tobillos frente a mí, brindándome su apoyo.
—Noeh…
—No, espera—lo interrumpí con la mirada fija en él. —Puedo quererlo, pero mi vida es más importante para mí en estos momentos y junto a él…—un sollozó no me permitió terminar mi frase, pero Harry sabía perfectamente como terminaba todo esto.
—Tranq…—mi amigo iba a comenzar a hablar cuando un fuerte golpe se oyó en el segundo piso, como si alguien hubiese golpeado la pared.
Ambos dirigimos nuestras miradas hacia arriba, pero solo alcanzamos a ver como una sombra se proyectaba en una de las murallas blancas, la cual desapareció en milésimas de segundos. ¿Alguien nos había estado escuchando? ¿Liam?
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Hola girls ♡ supongo que esta vez todas me están odiando por no haber subido en tantos días. Perdón, les juro que intentaba escribir pero nada me gustaba, por lo que me he demorado mucho en terminar este capitulo. También comencé las clases, estoy muy feliz de ello pues en verdad quiero a mi curso y me gusta todas las tonteras que hacemos. A la vez, me metí a clases de baile, aunque hasta el momento solo nos han hecho clases mujeres, yo ya estoy esperando al profe mino jajaj. Bueno chicas, debo agradecer porque son más de 100 LECTORAS y no saben lo feliz que me hacen. Al parecer el viernes haré twitcam por si a alguien le interesa.
Las quiero muchísimo y son muy especiales para mí♡
Atte. @Sofii_Flores
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 16: “Mente contra Corazón”
Cuando aprecié el miedo en la mirada de Liam supe que algo realmente malo estaba pasando. Quise pedirle que me explicara qué estaba ocurriendo y por qué Harry decía que él sabía sobre el ataque de anoche, pero no fui capaz de pronunciar ni una sola palabra. Necesitaba que de alguna manera Liam dijese que no tenía nada que ver en todo esto y que lo estaban inculpando de algo que nunca ha pasado, sin embargo él ya me había advertido de peligros y seguramente este era uno de ellos.
—El silencio otorga—susurró Zayn a mi lado.
—Puede ser un error, una confusión—hablé un poco más alto captando la atención de Liam. — ¿No es así?—le pregunté angustiada.
Él negó con la cabeza.
— ¡Claro que debe serlo!—le contradije al instante. — ¡Tú me rescataste!—chillé con el corazón latiendo a mil por hora.
—Estás confundiendo las cosas—su mano me agarró por el brazo cuando quise salir de aquel cuarto e ir a ver con mis propios ojos la amenaza escrita en la cocina.
—Suéltala—gruñó Harry a la defensiva.
—No lo haré—le contestó Liam dedicándole una frívola mirada. —Noelle, no es lo que tú estás pensando—dijo nuevamente cuando centró su atención en mí.
Lo más correcto hubiera sido dejar que él me explicara qué estaba pasando en este lugar, pero yo no fui capaz de permitírselo. Sin responderle nada bajé la mirada, me solté de su agarre y rápidamente salí del cuarto para dirigirme a la cocina.
Hace días que yo tenía el presentimiento de que Liam tenía muchísimo que ver sobre todo lo que nos estaba pasando aquí, pero ahora que estaba a punto de confirmar mi tesis estaba aterrada de que así fuera. Además, si él estaba en vuelto en esta clase de problemas quería decir que había hecho algo para que le pasaran. Pero el problema es que ahora que él estaba pagando las consecuencias, nos estaba arrastrando con él. ¿En qué estábamos envueltos?
Al entrar en la cocina pude ver todo el lío que había dejado mi enfrentamiento con aquel misterioso hombre. El recuerdo me asaltó y me hizo temblar, pero cuando sentí a mis compañeros tras de mí me calmé un poco.
—Ahí está la amenaza—si no hubiera sido por Harry se me hubiera olvidado la verdadera razón por la que estábamos en la cocina.
Lo miré a él y luego seguí la misma dirección de su mirada. Fue en ese momento donde mis ojos se vieron atraídos por unas enormes letras escritas con pintura roja sobre la ventana. No podía ser cierto.
—Liam, entrégate o las cosas se pondrán peores—mientras leía un fuerte escalofrío descendió por mi columna vertebral acompañado de un leve temblor en mis piernas.
Todas las acusaciones y presentimientos fueron confirmados con aquel corto, pero directo mensaje. Jamás hubiera creído que mi tesis que era tan improbable pudiera ser verdad. Liam estaba metido en algo serio y no solo él, ahora lo estábamos todos.
Ya no había nada que negar, pues el mensaje era claro, pero de todas maneras lo miré de reojo esperando a que dijera algo. Él no me miró en ningún momento, estaba centrado en el mensaje y no parecía prestarle nada de atención a las acusaciones de Harry.
— ¡Cállate de una vez!—le grité desesperada.
Todos, excepto Liam, me miraron sorprendidos. Sabía que mi amigo tenía razón en la mayoría de sus acusaciones, pero yo no era capaz de seguir escuchándolas. Lo que yo necesitaba era silencio para poder pensar por mí misma todo esto. Acababa de exponerle mis sentimientos a alguien que realmente no conocía, de quien me faltaba descubrir más de la mitad de sus secretos y vida.
—Noeh, Harry tiene razón en lo que está diciendo—las palabras de Faye captaron la atención de Liam, quien la miró con angustia. —Lo queramos o no, él nos está ocultando muchas cosas—agregó.
—Pero el también tiene derecho a defenderse—le debatió Louis acercándose a su amigo y palmeando su hombro. —No pueden sacar deducciones sin antes saber las cosas—añadió.
—Louis, no tengo que darle explicaciones a nadie—le contestó y luego me miró de reojo. —Si tienen miedo, aléjense de mí—sus palabras me dolieron, pues entendí que aquel mensaje iba dirigido a mí.
— ¡Claro que tienes que darnos explicaciones!—gritó Harry. —Anoche Noeh casi muere por tu culpa, por lo que ya estamos involucrados y necesitamos respuestas—argumentó.
—He salvado sus vidas en el tren—debatió él.
—Accidente que pudo haber sido evitado si no hubieras estado allí—esta vez intervino Zayn.
Mi mente comenzó a colapsar con tantas acusaciones que se le hacían a Liam, me era difícil asimilar que él podía estar detrás de tantas cosas que nos habían estado ocurriendo. En silencio salí de la cocina, dejando que los demás siguieran discutiendo, mientras yo caminaba hacia el salón de estar.
Necesitaba ir a algún lugar tranquilo, donde pudiera ordenar mis ideas. El problema de esto es que pese a alejarme de la cocina, aún era capaz de escuchar los gritos de los chicos. Decidí subir y esconderme en el baño, allí nadie me molestaría.
Al entrar al cuarto de baño cerré la puerta a mis espaldas y apoyando mi espalda contra la madera me dejé caer al suelo. Apegué mis rodillas a mi cuerpo, apoyé mis brazos sobre estas y escondí mi rostro en el hueco que quedaba. No tenía ganas de llorar, solo estaba frustrada y demasiado confundida, pero de todas maneras sentía que en cualquier momento me iba a quebrar. No, no iba a derramar ni una lágrima más aquí, me mentalicé. Tomé varias bocanadas de aire para recompensar la falta de oxigeno que sentía en el pecho, mas nada era capaz de arreglar lo agitada que me sentía.
¿Por qué justo esto me tenía que pasar a mí? Acaso, ¿No podía gustarme alguien normal que no estuviese metido en graves problemas? Si tan solo pudiera controlar mi corazón y buscar a alguien mejor, pero no… ya era tarde.
Liam no había confesado nada aún, pero por lo que parecía sí estaba involucrado en el accidente del tren. Estaba más que claro que lo estaban buscando a él y por eso nos habíamos adentrado en el bosque en busca de este pueblo abandonado en vez de volver a la ciudad o escondernos hasta que llegara la ayuda. Él también debió saber que este pueblo en estas fechas estaba abandonado, por lo que servía como un gran escondite. Pero, ¿Por qué nos trajo a nosotros aquí?
— ¡Noelle! —escuché que gritaban fuera del baño, pero yo no respondí pues no quería ser descubierta.
Todavía no estaba lo suficientemente clara y tranquila para enfrentar lo que estaba pasando a fuera. No sabía si quería arriesgarme y guiarme por mis sentimientos, o por el contrario, reprimirlos y alejarme de él. Tal vez si no escuchaba a mi corazón podría ser más objetiva y tomar una decisión sabia, pero era difícil cuando hasta mi mente se había enceguecido por Liam.
Me puse de pie al notar que seguían buscándome, pero no salí del baño antes de lavarme la cara con agua fría y echarle un rápido vistazo al espejo. No tenía el mejor aspecto, pero por lo menos lucía presentable para enfrentarlos.
—Sabía que estabas aquí—me asusté al oír una voz desde mi derecha.
Estaba tan hundida en mis pensamientos que no me percaté que Louis estaba junto a la puerta del baño, apoyado en la pared de brazos cruzados. Lo miré molesta, pues no me gustaba que me tomaran por sorpresa y menos después de todo lo que había pasado.
— ¿Era necesario asustarme?—inquirí con molestia.
—No es mi culpa que andes desconcentrada—se excusó él.
—Tú siempre apareces de la nada—debatí y luego comencé a caminar sin rumbo alguno. —Louis, me gustaría un poco de privacidad—le pedí de mal modo.
— ¿Aquí quieres privacidad? ¿También quieres que te den un masaje acaso?—no encontré que su respuesta tuviera que ver con lo que le estaba pidiendo, pero para evitar más problemas guardé silencio.
Llegué al cuarto con el chico de ojos claros pisándome los talones. Tuve la intención de cerrarle la puerta en la cara y luego ponerle llave para que no entrara, pero él fue muy astuto en colocar su zapatilla entre la puerta y su umbral evitando que está cerrara por completo.
— ¡Quiero estar sola!—le grité al mismo tiempo que ejercía fuerza sobre la puerta sin importarme el dolor que le pudiera estar causando en el pie.
—Este cuarto no es solo tuyo—contestó él empujando la puerta contra mí.
No era una mujer débil, pero claramente la fuerza de Louis era mucho mayor que la mía. Él a medida que iba abriendo la puerta iba metiendo un poco más de su cuerpo hasta que logró ingresar por completo a la habitación.
—Tendrás que trabajar en tu fuerza, cariño—tocó mi brazo y luego caminó hacia una de las camas para sentarse. —Así no lograrás nada—agregó con tono burlesco, alimentando la ira que iba creciendo en mí.
—Y tú deberías buscar el significado de privacidad—le ataqué indignada.
— ¿Qué significa?—rió.
—No es chistoso.
— ¿Por qué tan mal genio?—inquirió divertido sin quitar la mirada de lo que yo estaba haciendo. —Cuéntame, ¿Es por Liam o Harry?—insistió al no obtener respuesta de mi parte, dando justo en la fibra sensible.
— ¡No sigas!—exclamé colapsada. —No quiero que sigas metiendo tus narices en mis asuntos—sin siquiera mirarlo tomé mi bolso y comencé a guardar en él alguna de mis cosas que estaban desparramadas por el lugar. En ese momento se me ocurrió una peligrosa, pero muy buena idea.
Se supone que cuando había este tipo de tormentas lo más seguro era permanecer bajo techo y con calefacción, pero ahora estar en la casa de Faye también era peligroso para nosotros, pues en cualquier momento podrían volver a atacarnos. Si contrastábamos ambos lugares podíamos darnos cuenta que uno nos entregaba las cosas buena que le faltaban al otro, sin embargo yo encontraba que volver al bosque era una buena idea. ¿Por qué? Fácil. En este lugar no teníamos, ni tampoco tendríamos, alguna forma de comunicarnos con nuestras familias para que nos vinieran a buscar, mientras que si caminábamos lo suficiente en el bosque existía la gran posibilidad de encontrar a alguien que pudiese ayudarnos o mejor aún, podíamos llegar a la carretera. Además yo ya había experimentado lo que se sentía estar horas bajo la lluvia, por lo que estaba prácticamente segura que si tomábamos las medidas necesarias no sería algo tan peligroso.
— ¿Has visto a Noelle?—escuché la voz preocupada de Liam a mis espaldas, por lo que me volteé y vi la puerta semiabierta, seguramente él estaba tras ella.
Intenté hacerle señas a Louis para que no me delatara, pero él riéndose en mí cara respondió:
—Ahí está—me señaló con el dedo.
Apenas él ingresó a la habitación yo recobré la postura, no quería que me viese nerviosa por su presencia, siendo que por dentro me sentía así. Lo quería, mucho más de lo que debía hacerlo, pero mi vida estaba corriendo peligro por su culpa y no podía permitirme ponerla en un riesgo innecesario. Liam desvió rápidamente su mirada desde mí hasta el bolso que yacía sobre el sillón y entreabrió sus labios debatiéndose si hablar o no.
—Ahórrate tus preguntas, no me ha contestado ninguna—interrumpió Louis al percatarse de su intención.
— ¿Por qué estás haciendo tu bolso?—preguntó finalmente él sin hacerlo caso a su amigo de ojos azules. —¿Te vas a algún lado?—la angustia de su voz me sorprendió de sobremanera.
—No quiero seguir aquí—contesté apenada, pero cortante.
—¿Dónde piensas ir?—volvió a intervenir el muchacho de ojos claros.
—Louis, ¿Puedes dejarnos a solas?—le pidió Liam.
—No, no es necesario que se vaya—dije rápido. —La conversación ya terminó, no hay nada para seguir hablando—agregué rogándole a Louis con la mirada que no se fuera.
Sé que mi actitud fue muy inmadura, pero no estaba preparada para estar a solas con Liam después de todas aquellas acusaciones, pues aún no me convencía del todo sobre qué hacer y pensar, y temía que él con un simple beso me nublara aún más el juicio.
—Sí hay mucho sobre qué hablar—me rebatió él, al mismo tiempo que con la mirada le ordenaba a Louis que abandonara la habitación. Era su palabra contra la mía, por lo que claramente su amigo le haría caso a él.
— ¡Yo no quiero hablar contigo!—exclamé antes que el muchacho saliera por la puerta, mirando fijamente a Liam. Tenía claro que mis palabras le habían dolido, lo pude ver en sus ojos, pero él había sido el culpable de que yo hubiera tenido que pronunciarlas—Louis, quédate tú aquí, pues yo me voy—agregué a la vez que tomaba mi bolso y me lo ponía en la espalda.
Jamás pensé que me iba a doler tanto pasar por el lado de Liam sin que él intentara retenerme. Sabía que le había golpeado donde más le dolía y me sentía muy mala por ello, pues yo le había prometido hace solo unas horas que no iba a perderme y ahora estaba demostrando todo lo contrario. Los sentimientos eran un arma de doble filo en estas circunstancias y a ambos nos estaban jugando una terrible pasada.
Antes de abandonar la habitación tuve el coraje de darme media vuelta para mirar a Liam y para mi sorpresa, él también lo estaba haciendo. Su mirada como siempre apresó la mía y, como un vidrio, fue capaz de enseñarme todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Liam me estaba rogando con sus ojos que no me marchara y eso complicó todo aún más en mi mente. Tenía claro que sus sentimientos hacia mí eran honestos, al igual que los míos, pero esa no era una excusa que bastara para solucionar el problema de que nuestras vidas estaban corriendo peligro por su culpa, ni tampoco para perdonar que me hubiese escondido tantas cosas.
—Por favor no lo hagas—sus palabras me conmovieron a tal extremo que sentí las lágrimas acumularse en mis ojos, mas no iba a permitirme a mí misma seguir llorando. —Noeh, por favor—repitió.
Tuve el impulso de tirar mi bolso y correr a sus brazos aceptando todos los riesgos que esto pudiera causar, pero me contuve pues sabía que estaba pensando con el corazón y no con la cabeza. La imagen de tener a Liam frente a mí, mirándome con aquellos ojos vidriosos y vacilando si acercarse o no, me estaba carcomiendo por dentro y eso no me ayudaba para nada en pensar.
—Lo siento—susurré antes de dar media vuelta y salir de la habitación, tomando finalmente mi decisión.
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Hi girls ♡ bueno es tarde así que no tengo mucha inspiración para decirles algo. Simplemente les recuerdo que el Lunes que viene yo entro a clases y no se con que continuidad podre seguir subiendo. Pero, tengan por seguro que la novela no se acabará aún :) No tengo mucho más que decirle, simplemente que agradecer a las 92 chicas que leen Atraída por el Peligro y que me dan su opinión a diario. ¡Ustedes son únicas!
♡
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 15: “No me perderás”
La necesidad crecía cada segundo un poco más dentro de mí. Tener sus labios a tan poca distancia, sentir su aliento contra mi rostro y su respiración fundiéndose con la mía eran algunos de los factores que me estaban llevando a la locura. Anhelaba saber lo que estaba pasando por la mente de Liam, mas él no me daba ninguna señal, pues solo permanecía en silencio sin mirarme.
— ¿A qué tienes miedo?—pregunté cansada del silencio.
Sus ojos volvieron a apresar los míos y fue allí cuando sentí su dolor como mío.
Esta sensación me recordó la primera vez que lo vi en el tren. Allí con apenas un vistazo intuí que Liam no estaba pasando un buen momento, pude sentir su angustia y su soledad.
— ¿Por qué estás haciendo esto?—habló tras el largo silencio, sacándome de aquel entristecedor recuerdo.
—Quiero saber más de ti.
—Te repito, no te gustara saber más de mí—reiteró dolido.
—Y yo te vuelvo a repetir, ¿A qué tienes miedo?
—A perderte—balbuceó finalmente.
Esa era la señal que estaba esperando recibir de su parte y no había podido ser más claro.
Como siempre él intentó analizar mis reacciones y agradecí no haber perdido la postura ante su dicho. Al contrario, me sentía totalmente dichosa y la sonrisa que me robó no pudo ser más evidente. Fue imposible no acercarme más a su fornido cuerpo, necesitaba sentir su cuerpo contra mi cuerpo, saber que esto era real. Llevé mi mano desde su mejilla hasta por detrás de su cuello, con la cual me impulsé para subir esos centímetros que me sobrepasaba y rozar mis labios con los suyos.
—No me perder…
Antes que yo pudiese terminar de susurrar sobre su boca, él rompió toda distancia existente entre nuestros rostros y atrapó con sus húmedos, tibios y gruesos labios los míos. La reacción de mi cuerpo ante su actuar fue tan intensa que podría jurar que no existían palabras para describirlo. Mi corazón estaba desbocado, mi pulso había aumentado considerablemente y mi respiración intentaba adecuarse al ritmo de sus movimientos. Sus manos inquietas vagaban por todo mi cuerpo al igual que las mías en su torso desnudo, definitivamente la calidez y suavidad de su piel me hacía desearlo aún más.
Nuestro beso comenzó siendo tímido, como si estuviéramos tanteando territorio antes de lanzarnos con todo, pero luego de que ambos entreabriéramos nuestras bocas para darle más profundidad a nuestro beso, las cosas comenzaron a tomar un ritmo mucho más demandante. Un placentero escalofrío recorrió mi anatomía cuando saboreé la brisa que su exquisita boca sopló al fusionarse con la mía, el cual se intensificó cuando nuestras lenguas finalmente hicieron contacto dentro de mi cavidad bucal.
Jadeé cuando nuestros labios se separaron en el mismo momento en que él empujó mi cuerpo e hizo que mi espalda chocara contra la madera de la puerta. Se apresuró en romper la distancia que él había creado y esta vez su boca se abrió paso en la mía sin ninguna vacilación. Presionó su cuerpo contra el mío, aprisionándome aún más. Realmente su beso había arrasado con todas mis barreras de timidez y miedo, como también había hecho despertar a mis cinco sentidos. Besos como este nunca había tenido el privilegio de probar.
Me tomó por sorpresa cuando el separó sus labios de los míos, al mismo tiempo que se alejaba un paso de mí. Sentí una brisa helada abrazar mi cuerpo y un angustiante sentimiento de vacío en mi interior.
—Esto no está bien—se repetía a sí mismo mientras retrocedía otro paso.
Fue en ese momento, al oír sus palabras, cuando la sangre en mis venas comenzó a hervir de la rabia. Ya estaba cansada de ese muro que levantaba cada vez que necesitaba esquivar la realidad, esa misma barrera que le imposibilitaba sentir algo por alguien. Además de todo, como toda mujer lo hubiera hecho, me sentí rechazada, pues claramente esa no era la respuesta que esperaba de él.
— ¿No está bien para quién? —exclamé con molestia.
Él se volteó hacia mí y me sostuvo la mirada curioso ante mi reacción.
—Responde—exigí.
—Noelle, no hagas las cosas más difíciles—me pidió calmado.
— ¡Tú haces que todo parezca difícil!—grité acercándome a él. — ¿Por qué esto está mal? Explícame, porque yo no veo nada de malo—tuve que respirar hondo para evitar ponerme a llorar.
—Entiéndelo, Noeh, por favor—pidió.
— ¿Entender qué? —pregunté alterada. —Si me explicaras las cosas, todo sería más fácil—agregué más calmada.
—Si supieras solo te haría daño y pondría tu vida en peligro—respondió en un hilo de voz. —Se feliz con tu mejor amigo, enamórate de él. Harry es un buen chico para ti—no quiso mirarme cuando dijo esas últimas palabras.
—Con Harry no me pasa esto—tomé su mano y la coloqué sobre mi pecho para que sintiera el latir de mi corazón. —Acaso, ¿Esto está mal? —inquirí en un susurro cuando él se dignó a verme a los ojos.
—Lo está—repitió. —Pero…
— ¿Pero qué? —presioné.
—Ya estoy cansado de alejar de mí todo lo que en verdad me importa—me sentí conmovida cuando dijo aquello, ya que él me estaba incluyendo entre las cosas que le importaban.
—Entonces, no las alejes.
Después de mi petición me animé para capturar sus labios con los míos. Mordí levemente su labio inferior, invitándolo a corresponderme el beso. Se demoró varios segundos en cerrar los ojos para que dejarse llevar, pero valió la pena, pues fue mucho más pasional que el anterior. Su boca se abrió camino en la mía sin dificultad ni timidez alguna, arrasando con todo. Sus manos me agarraron desde la cintura y me acercaron a su cuerpo, pudiendo sentir su abdomen pegado al mío. Mientras que yo estaba fascinada tocando la suave piel de su espalda.
Tan desconectada de la realidad me dejaban sus besos, que no me percaté en qué momento caímos sobre el sofá, yo encima de él. Ambos nos reímos, pero no dejamos de besarnos en ningún momento. Me estremecí cuando sentí la calidez de su palma por debajo de mi remera, tocando delicadamente mi espalda. Fue aún más fuerte el temblor que sentí en mi cuerpo cuando Liam se separó de mi boca y buscó mi cuello para besarlo. Podía sentir la calidez de su respiración en mi piel, lo que me daba cosquillas y un poco de nervios. Pero, sin lugar a dudas, me sentía en una nube, en un mundo donde solo existíamos yo y él.
— ¿Todo está bien aquí?
Estábamos tan concentrados en nuestras sensaciones que no fuimos capaces de reaccionar a tiempo cuando vimos que Faye entraba a la habitación. Me separé inmediatamente de Liam, me salí del sillón y bajé la mirada avergonzada.
— ¿Liam? —Faye estaba exigiéndole una explicación.
Lo miré de reojo y lo noté molesto ante la interrupción de la pelirroja.
— ¿No te han enseñado a tocar la puerta antes de entrar? —preguntó indignado sentándose como correspondía en el sofá.
—Escuché los gritos de Noeh y vine. No pensé que iba a interrumpirlos—se excusó ella molesta. Sinceramente, no entendía el por qué ella se ponía de esa manera.
—Bueno, ahora sabes que todo está bien—se puso de pie y la enfrentó. —Puedes irte—con su mano le señaló la puerta.
—No estoy segura de eso—me miró a mí. — ¿Por qué gritabas? ¿Él te obligo a hacer algo que no querías? —sus preguntas me tomaron por sorpresa.
—Claro que no—me apresuré en contestar.
La pelirroja se debatió bastante entre sí creerme o no, pero tras un rato decidió creerme. Ella le dedicó una mirada envenenada a Liam antes de abandonar el cuarto. Realmente me sentí muy mal por haberla hecho enojar, pero tampoco me imaginaba que ella se iba a poner así.
Finalmente, Liam se dio vuelta para mirarme. Mi expresión no debe haber sido la mejor, pues él se apresuró en acercarse y estrecharme entre sus brazos. Admito que me encantaba sentirlo cerca de mí, amaba que cada una de sus acciones me tomara por sorpresa, estaba fascinada conociendo una nueva faceta de él.
— ¿Ves que esto estaba mal? —se burló él.
—No lo arruines—le critiqué, hundiendo mi rostro en su cuello y respirando profundamente.
—Después no digas que no te lo advertí—agregó.
—Cállate de una vez—le pedí. —Las cosas ya han sido un desastre, ¿Qué tan malas se pueden volver ahora si estoy contigo?—pregunté irónicamente.
—Muy.
No quería seguir con la conversación por lo que no le contesté. Yo quería disfrutar este momento y que nadie me lo arruinara. Además, por más que él me advirtiera que las cosas se iban a poner peores, yo no tenía susto, pues ahora lo tenía de mi lado y sabía que podía confiar en él.
—Noeh, iré a hablar con Faye—dijo separándose de mí. —Intenta dormir un poco, luces muy cansada—puso sus manos en mis mejillas y con sus pulgares delineó la curva que se hacía bajo el ojo.
—No creo que pueda dormir después de todo lo que paso—le dije.
—Lo necesitaras—me debatió. —Necesitas estar con todas tus fuerzas en este lugar, no sabes cuando ese hombre puede volver—me estremecí cuando dijo eso, pues me hizo recordar todo lo vivido en la cocina y en el bosque.
—Gracias por recordármelo—dije apenada.
—Lo que no te mata, te hace más fuerte—sonrió. —Le pediré a alguien que venga a curarte esa quemadura mientras yo hablo con Faye—agregó luego.
—No quiero dormir—debatí. —Todos están despiertos—argumenté.
—Estuviste corriendo horas en el bosque, necesitas un descanso—se respaldó él.
—Tú también.
—Vendré luego de que hable con ella—besó mi frente y se alejó.
Antes de irse a enfrentar a la pelirroja se colocó una remera ploma y sobre esta una campera con capucha gris oscura. Me sonrió e hizo una mueca señalándome la cama. Luego de eso, se marchó.
Tal y como me lo pidió Liam, me fui directo a recostar a la cama. Mi cuerpo estaba agotado y apenas me quedaban energías. Sin embargo, mi mente no me permitía descansar pues tenía muchas cosas en la cabeza. Además, la luz y el miedo de que el hombre pudiera volver, hacía de esto algo mucho más complicado.
Poco a poco mis pensamientos se iban debilitando, al mismo tiempo que el sueño se iba apoderando de mí. Me encantaba la temperatura que adquiría mi cuerpo a medida que me iba durmiendo, pues traía consigo una sensación de paz, que por más que sonara extraño, me recordaba mi hogar.
Al principio creí que los gritos que oía eran solo parte de mi sueño, pero no tardé en darme cuenta de lo contrario. Abrí los ojos apenas me percaté que los gritos eran parte de mi realidad y que venían acercándose por el pasillo. Lo primero que vi fue a Liam durmiendo tranquilamente en la cama de al frente. La paz que trasmitía me robó una sonrisa que se esfumó en el momento en el cual la puerta se abrió de golpe, chocando contra la muralla y causando un gran ruido.
— ¡Cálmate!—escuché que gritaba Niall antes que Harry entrara a la habitación.
Este último dando fuertes pasos e ignorándome por completo, se acercó a la cama de Liam y lo destapó de mala manera. Su actitud llamó mi atención, pues se veía claramente trastornado por algo.
— ¡Explícame qué tienes que ver tú con lo que paso anoche! —le gritó mi mejor amigo agarrando a Liam desde el cuello de su remera gris.
Los ojos marrones de él se posaron en mí al mismo tiempo que Harry le gritaba aquello. Estaba segura que mi mirada exigía una explicación, ya que me sentía totalmente confundida en aquel momento. ¿De qué estaba hablando mi amigo?
—No sé de que hablas—contestó finalmente Liam cuando quitó su vista de mí.
— ¡No mientas!—exclamó Harry tironeándolo.
Asustada de lo que pudiera hacer mi mejor amigo, me puse de pie y me interpuse entre ambos para apartar a Harry de allí. Este último me miró y por la claridad de sus ojos no me costó trabajo notar lo dilatada que estaban sus pupilas.
—Harry, cálmate—le pedí.
Lo unico que conseguí fue exaltarlo más y provocar que me gritara que me alejara en ese mismo instante de ellos. Al notar mi vacilación agregó de mal modo que esta pelea no era de mi incumbencia, por lo que solo estaba estorbando allí. Angustiada y muy asustada retrocedí un pasos alejandome, pero sin dejar de mirar los claros ojos de quien solía ser mi mejor amigo. Él jamás me había tratado de aquella manera.
Liam aprovechó la distracción que yo había provocado en Harry para dirigir su pie derecho e incrustarlo con fuerzas en el centro del estomago de mi amigo. Este golpe logró alejarlo, como también destabilizarlo. Yo chillé cuando lo vi cayendo al suelo abrazandose a si mismo por el dolor, fue aún más impactante ver como su mejilla chocaba contra el suelo.
— Liam, ¿Qué has hecho?—exclamé horrorizada.
Corrí hacia donde estaba Harry y cuando estuve a su lado me hinqué sobre mis rodillas para ayudarlo. Nunca antes lo habia visto retorcerse por tanto dolor como ahora y eso me descolocó.
—Él me atacó primero, solo me defendía—su argumento no fue suficiente para mí.
Odiaba la violencia más que a nada en el mundo, por lo que me chocó ver aquellas reacciones en los dos hombres que más importaban de este lugar. Yo no acostumbraba a presenciar peleas y tal vez fue por eso que yo no sabía como responder ni menos como detenerlas.
— ¿Estás bien? —le susurré cuando lo vi abrir sus ojos.
—Déjame en paz—me pidió de mala forma golpeando la mano que yo habia estirado para ayudarlo.
Harry tomó una gran bocanada de aire y luego se posó sobre sus brazos tratando de ponerse de pie. Me pareció increíble que lo lograra luego de tan fuerte golpiza y más aún que siguiera con intención de atacar a Liam. Cuando lo intentó Louis intervino sujetándolo por los hombros y apegándolo a la pared. mi amigo con sus extremidades resentidas, se quejó ante los bruscos movimientos del muchacho de ojos claros pero continuó forcejeando para soltarse de su agarre.
—Contrólate, muchachito—le advirtió Louis con un tono amenazante que me puso la piel de gallina.
—No lo haré hasta que no reciba una respuesta—jadeó mi amigo.
— ¿Respuesta de qué?—chillé frustrada de verlo de aquella manera. No podría soportarlo más tiempo.
De un momento a otro fui consciente de las miradas de Zayn, Niall, Faye, Louis, Harry y Liam. Todos parecían entender perfectamente lo que estaba pasando, mientras que yo seguía confundida.
— ¡Explícale!—le exigió Harry a Liam. —Explícale que hoy ella estuvo a punto de morir y que tú sabes mucho sobre ello—agregó.
— ¿Qué sabes sobre el ataque?—le pregunté a Liam totalmente sorprendida luego de procesar cuidadosamente las palabras de mi mejor amigo.
—No es lo que tu estás pensando—me contestó.
— ¡Él está involucrado en todo esto!—los gritos de Harry me estaban colocando muy nerviosa. — ¡Lo están buscando a él!—finalizó.
Mi mirada voló desde mi mejor amigo hasta Liam esperando ver cual era su respuesta ante tal fuerte acusación. Él me estaba mirando, procesando cada una de mis reacciones, pero no fue capaz de negar lo que habían dicho. ¿Él conocía al hombre que me había atacado? ¿Habiamos llegado aquí porque Liam estaba escapando de algo?
De a poco intenté armar el puzzle con las pocas piezas que tenía, pero habían ciertos vacios que me confundían totalmente y arruinaban todas mis hipotesis.
—No entiendo nada—me quejé luego de unos segundos de completo silencio.
—Escribieron una amenaza en el vidrio de la cocina—me contestó Harry más calamado. —Lo extraño es que ésta iba dirigida a este tipo—él luchó contra los brazos de Louis para volver donde Liam.
— ¿Amenaza?—balbuceamos ambos a la vez.
¿De qué estaba hablando Harry?
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Bienvenidas al drama, girls♡ Primero espero que les haya gustado el tan esperado beso, creanme que me costó mucho encontrar la mejor manera de narrarlo, pero como siempre ayudada por mi gran amiga Francisca Reyes.
Segundo, anoche nos penaron en mi casa. Yo estaba viendo el Festival de Viña al otro extremos de mi casa, en la sala de estar y me vine a acostar a las 5AM. El tema es que antes de venirme me asegure de dejar todo apagado, pero hoy en la mañana mi mamà me despierta porque la tele se había encendido allí y estaba con el volumen muy alto. Además ella sintió que alguien le tocaba el pie mientras dormía. ¡Qué miedo!
Bueno, igual… nunca hay que asustarse de estas cosas porque solo logras hacerlas mas poderosas. Además, nada entra a tu casa si tu no lo permites.
Muchos cariños, tengan un hermoso día y disfruten.
Si ya lo leíste te ruego que me des tu opinión en:
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 14: “Atracción peligrosa”
El cuarto me pareció más pequeño de lo normal y más aún cuando Liam cerró la puerta tras de él. Era como si no hubiera suficiente espacio para permanecer alejada de su cuerpo, lo que me tenía algo nerviosa. Estaba totalmente segura que si él no me hubiese tomado de la mano mientras íbamos hasta allí, ninguno de estos pensamientos estarían vagando por mi mente y tampoco hubiera existido el temor de hacer algo víctima de mis hormonas.
Por otro lado, Liam no estaba para nada nervioso, de hecho estaba totalmente cómodo eligiendo sus prendas de vestir en su bolso, sin importarle que solo una toalla lo tapaba. Yo, por más que intentaba no hacerlo, no podía quitar mi mirada de su espalda y sus brazos, los cuales se marcaban atractivamente cada vez que sacaban algo nuevo de su equipaje. Sin lugar a dudas, su cuerpo era una tentación similar a la manzana prohibida de los primeros textos bíblicos, en la cual cayó Eva. Acaso, ¿Yo también caería ante esa anatomía?
—¿Prefieres que me vaya a cambiar al baño?
La ironía de su voz era evidente y no había duda que si yo respondía que sí, él se iba a burlar de mí y yo no quería eso. De todas maneras a mí no me molestaba para nada que él se vistiera aquí, no por el atractivo de su cuerpo, sino porque no iba a estar mirándolo como show de stripper. Sin embargo, esa respuesta podía dar mucho a la imaginación y se podía entender de maneras que no siempre eran las correctas. Pero como él me estaba probando no podía quedarme callada, por lo que respondí:
—Donde te sientas más cómodo—estaba orgullosa de mi respuesta, pues consideraba que era apropiada para invertir papeles.
—Me siento cómodo aquí—pronunció cada palabra lentamente y sin despegar su mirada de la mía. Él estaba atento a mi reacción, lo que nuevamente me hizo sentir vulnerable.
—Como tú desees—tragué sonoramente y luego, lo más natural posible, me tiré para atrás hasta quedar con mi mirada en la madera que sostenía la cama de arriba. De esta manera no tendría que mirarlo cambiándose y él tampoco notaría mis nerviosos movimientos.
Escuché su risa entre dientes cuando yo opté por tomar esta simple medida, pero simulé como si no hubiera oído nada. Sentía como mi cuerpo adquiría un grado más a su temperatura basal y no estaba segura si era porque Liam estaba cambiándose aquí o simplemente porque la puerta estaba cerrada al igual que ventanas. Hubo un momento que acomodé el cojín que tenía bajo mi cabeza y allí mi mirada voló nuevamente hacía ese tentativo cuerpo que le pertenecía. Solo llevaba puesto el boxer, por lo dejó mucha piel al aire. Él era realmente atractivo, pero también había algo en su actitud que quebrantaba todas mis murallas.
—¿Qué haces mirándome?—me sentí totalmente avergonzada cuando tuve que subir la mirada desde sus piernas hasta sus ojos. —¿Te gusta lo que ves?—preguntó burlesco.
—Solo me estaba acomodando la almohada, no te sientas tan importante—le mentí descaradamente.
—Entiéndelo, Noeh, no sabes mentir—debatió al instante.
—Volvemos al problema—mi voz tembló un poco recordando la razón por la que estaba acá.
Liam me dio una mirada reconfortante y se apresuró en colocarse sus jeans para venir hacia mí. Se sentó al borde de la cama y palmeó el lugar a su lado para que yo me acercara. Sin embargo yo no lo hice, simplemente volví a incorporarme y lo miré.
—¿Me vas a contar que te pasa? —preguntó después de mi silencio.
—No sé de donde empezar—soné molesta.
Sus ojos marrones se posaron en los míos y fue allí cuando vi que su mirada estaba siendo mucho más profunda de otras veces. Tenía una intensidad que me hubiera hecho temblar las rodillas si hubiera estado de pie. No tenía claro el por qué me miraba de esa manera, no entendía si era la curiosidad o quería intimidarme.
—No puedo hablar si me miras así—admití en un suspiro.
—¿Así cómo?—enarcó una ceja.
—Es desagradable sentir que alguien te está atravesando con su mirada—protesté finalmente. —Te dije hace pocos minutos lo mucho que me está afectando ser “predecible”—ocupé mis dedos para recalcar las comillas.
—¿Qué es lo que te da miedo que los demás vean de ti?—su pregunta me quitó el aliento. No era la respuesta que yo estaba esperando.
Me tardé unos segundos en recuperar la postura y en encontrar las palabras adecuadas para responderle. Tomé un profundo respiro y luego, volví a la conversación:
—Mis sentimientos—le sinceré al mismo tiempo que baje mi cabeza, avergonzada de lo débil que sonó mi respuesta.
—¿Esto es por lo que te dije sobre tus sentimientos por Harry? —inquirió tras unos segundos de silencio.
Alcé mi vista y noté que su mirada era mucho más suave que antes, como si estuviera compadecido de mi malestar. Ver eso me conmovió, pues nuevamente estábamos rompiendo las barreras que nos separaban. Reprimí una sonrisa.
—Es por él—dedujo tras no recibir respuesta de mi parte.
—No es por lo que yo pueda sentir por él—aclaré algo confundida sin mirarle. —Es más bien el hecho que los demás me digan…—no encontraba las palabras adecuadas para expresar lo que sentía. —No sé cómo explicártelo—refunfuñé.
—¿Te molestó que yo te dijera que sí sentías algo por él, mientras que tú no lo ves de esa manera?—preguntó.
—Algo así.
Él se acomodó sobre la cama, intentando quitarse la rigidez de su cuerpo. Me pareció extraño verlo de esa manera, pues jamás lo notaba incomodo con ninguna clase de situación.
—¿Por qué mi miras así?—entrecerró los ojos.
—Nada, no va al caso—reí entre dientes.
Era gracioso que ambos hubiéramos realizado la misma pregunta dentro de los últimos diez minutos. Aún más cuando me percaté que yo también era capaz de ponerlo en esa incomoda situación.
—Aún no me cuentas bien lo que te está pasando—intentó retomar el hilo de nuestra conversación, esta vez habló sin mirarme. —¿Te diste cuenta que sí sientes algo por tu amigo?—cada vez que él disparaba con esta clases de preguntas ocupaba un tono de voz distinto. Al igual que su mirada, era capaz de llegarte a los más profundo de el alma, como si te persuadieran a contestar con sinceridad.
—No lo sé—admití y me sorprendió notar que esa no era la respuesta que él estaba esperando. —Tú y Louis insisten que sí siento algo por…
—¿Louis?—me interrumpió atónito.
—¿No te lo había dicho?—jadeé.
—¿Qué te dijo Louis?—inquirió con molestia.
—Después de hablar con Harry, él llegó y…
—¿Hablar con Harry?—volvió a interrumpirme. —Creo que te ha faltado mencionar varios detalles importantes—me acusó.
—No creí que te importase—admití.
Tenía una corazonada que me decía que no le contara lo de Harry. Este sentimiento no era por desconfianza, sino por temor a poder perderlo a él también. Por más que odiara admitirlo, tenía la necesidad de seguir conociendo a Liam, pues su misterio aún me causaba mucha atracción y amaba como respondía mi cuerpo a su presencia. Una atracción bastante peligrosa, pero casi inevitable.
Sin embargo, al notar el disgusto que le provocó mi respuesta, le ofrecí contarle. Intenté persuadirlo de que no era relevante, mas él me presionó hasta que logró que la historia saliera finalmente de mis labios. Mientras yo le iba contando lo que sucedió, él no me miraba a los ojos como solía hacerlo, volvió a adquirir una postura rígida y en vez de ocupar palabras para que yo siguiera, asentía con la cabeza. Su actitud me dejó claro que mi corazonada estaba en lo cierto, no debía haberle dicho esto, pues nuevamente había levantado el muro que nos separaba.
—Liam, mírame—mi petición sonó más bien como un ruego desesperado.
Él tardó unos largos segundos en acatar mi pedido. Cuando volteó su cabeza hacia mí y sus ojos se encontraron con los míos, vi que su mirada estaba apagada y no te atravesaba con esa intensidad como era lo habitual.
Sentí una puntada en el pecho al darme cuenta de lo mucho que habíamos retrocedido. Liam estaba más distante que nunca.
El silencio se prolongó más de lo esperado y, sinceramente, cada segundo que pasaba me corroía más por dentro. Al pasar del tiempo ya no fui capaz de sostenerle la mirada, por lo que apoyé mis codos en mis rodillas y escondí mi rostro entre mis manos. Pese a no verlo, sentía su mirada fija en mí.
Quería entender la razón de su reacción, pues no era normal que se comportase así, sino que era más lógico que se molestara por la interferencia de su amigo, o que simplemente volviese a recalcarme su opinión al respecto. Odiaba como se sentía el ambiente que habíamos creado, tenía mucho miedo de que él no volviese a abrirse conmigo, pues realmente Liam comenzaba a importarme mucho.
—¿Sientes algo por Harry?—volvió a preguntar rompiendo el silencio.
Aún con mi rostro entre mis manos, levanté un poco mi cabeza para despejar mi mirada y poder verle.
—¿Estás llorando?—preguntó cuando se dignó a mirarme.
Hasta ese entonces no me había percatado de la humedad de mis mejillas, donde había quedado el rastro de mi traicioneras lágrimas
—Lo siento—hablé en voz baja, al mismo tiempo que me restregaba los ojos para evitar llorar más.
Admito que me sorprendí totalmente cuando el colchón se movió, pues yo pensé que él se había marchado, pero no, era todo lo contrario. Luego del movimiento, esta superficie se hundió a mi lado advirtiéndome que Liam se había sentado más cerca de mí. Su trabajado brazo me pasó por la espalda, hasta llegar a mi hombro más lejano. Ejerció una leve fuerza para que yo me acercase a él quedando refugiada en su pecho desnudo. Logré aguantar solo unas milésimas de segundos antes de quebrarme en un desenfrenado llanto, al mismo tiempo que mis brazos se aferraron a su torso sin timidez alguna. Estaba cansada de llorar todo el tiempo, pero tenía tantas emociones dentro de mí, muchas que nunca antes había sentido en esta magnitud, que no era capaz de controlarlas.
—Tranquila, todo se arreglará con Harry—me susurró a mi oído con intención de reconfortarme, mientras me acariciaba la espalda esperando que el llanto cesara. Pero, esa frase me hizo llorar aún más.
—No estoy llorando por eso—logré decir entre sollozos.
—No entiendo—dijo sin quitarme de sus brazos.
—Esto no es por si él está enojado o no—me sorbí la nariz y tuve la necesidad de aferrarme a él con más fuerza. —Esa no es mi única preocupación—logré agregar después.
—¿Es por lo que ocurrió anoche?—preguntó claramente confundido, a lo que yo emití un sonido de negación. —Entonces, ¿Qué te tiene así?—volvió a inquirir, pero esta vez intentó separarme un poco de su pecho para poder mirarme a los ojos.
—Pensé que yo era predecible—sonreí al mirarlo y ver el grado de confusión en sus ojos. —Olvídalo—dije finalmente secando mi rostro con la manga de mi campera y distanciándome de la calidez de su cuerpo.
Él guardó silencio.
Noté como se debatía internamente sobre lo qué yo había dicho y estaba claro que el “olvidar” no estaba dentro de sus opciones. Sus miradas se hicieron más frecuentes y volvían a adquirir esa intensidad que me atravesaba, por lo que intentaba esquivarlas la mayor parte del tiempo posible.
—Admito que eres predecible, pero en estos momentos no tengo idea de lo que está pasando por tu mente—me sinceró finalmente, dándose por vencido.
—No es muy difícil de entender—reí tímidamente. —Recrea la situación en donde yo me puse a llorar y ahí podrás saber qué me angustió—antes que él sacase su deducción yo me puse de pie con intención de marcharme.
—Mi reacción te puso mal—dedujo milésimas antes que yo abriese la puerta, dejándome petrificada en el lugar.
Él, sin vacilar, aprovechó mi reacción y se levanto para ir directamente hacia donde estaba yo. Pese a que estuviese dándole la espalda, era consciente de su cuerpo tras el mío, esperando una respuesta. Tuve la oportunidad de salir del cuarto y dejar la conversación inconclusa, pero no la tomé. Yo había provocado esto, por lo que era mi deber solucionarlo.
—Noelle, mírame—pidió con el mismo tono que yo había usado hace minutos atrás. —Por favor—agregó cuando notó mi vacilación.
Finalmente, me di la vuelta y quede frente a él. Sin embargo, no fui capaz de mirarlo a sus ojos de forma inmediata, sino que me costó varios segundos hacerlo.
—¿Yo te hice llorar?—preguntó el mismo segundo en que nuestras miradas chocaron. Buena técnica de su parte, pues era muy difícil ocultarle la verdad cuando te miraba de aquella forma.
Mi silencio le dio la razón.
—¿Por qué?—inquirió con angustia esta vez.
—Porque me importas—me atreví a responderle.
—Pero he sido un idiota contigo—protestó.
—No todo el tiempo y eres así solo cuando levantas el muro—me arrepentí de haber mencionado el último término.
—¿Muro?
—Al igual que tú, yo también estudio a la gente—tuve que responderle. —Tú te comportas como un idiota cuando te mentalizas que no quieres que nadie entre a tu mundo, a lo que yo le llamo muro—expliqué luego de unos segundos.
—Interesante—entrecerró los ojos.
—Hay momentos donde me permites entrar a tu mundo y en los cuales he conocido como eres realmente, esa faceta que me has enseñado es la que me gusta e importa—aclaré.
Liam quedó atónito y pareció procesar mentalmente cada una de mis palabras. Pero, cuando ya se debatió todo, volvió a reaccionar. Primero dio un paso más hacia mí, rompiendo la distancia existente entre nuestros cuerpos. Después colocó una mano en mi mejilla y la otra en mi cintura. Todo sin despegar sus ojos de los míos. Finalmente acercó su rostro al mío, dejando que solo unos centímetros nos separaran. Creí que el corazón se me saldría del pecho con lo acelerado que estaba.
—Hay muchas cosas que aún no sabes de mí—su aliento rozó mi rostro, aturdiéndome por completo. —Cosas que no te gustaran en lo más mínimo—la pena en su voz era evidente.
—Si no me las cuentas, no lo sabrás—seguí mi impulsó y lleve mi mano a su mejilla, brindándole el apoyo que necesitaba.
Liam se sobresaltó ante mi movimiento. Estaba claro que él no había esperado que yo actuase así. Desvió un segundo su vista, tomó un respiro y luego volvió a verme para agregar:
—Si te contara, podrías salir herida.
—No lo creo—me acerqué más a su rostro, a lo que él respondió bajando un poco su mirada e inclinando levemente su cabeza, haciendo que nuestras frentes entraran en contacto.
Tenía unas incontrolables ganas de aprovechar esta cercanía y darle un beso. Sus labios carnosos captaban toda mi atención, lo que aumentaba mi deseo. Pero, estaba cuidando cada uno de mis movimientos para evitar que él subiese su muro y me alejara nuevamente, por lo que si él no daba aquel paso, yo no debía hacerlo.
Acaso, ¿Era solo yo quien se debatía este tipo de cosas y se retorcía entre estos extraños sentimientos, o él también? La duda me estaba matando.
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Hi girls ♡ ¿Cómo han estado? Bueno, yo disfrutando mis ultimas dos semanas de vacaciones. No tengo muchas ganas de entrar… mi mejor amiga del curso repitió y se fue del colegio, ahora no que con quien sentarme y con quien compartir. Pero bueno, tengo fe en que Dios tiene algo lindo preparado para mí este año así que me entrego a su plan. Sobre la novela, yo necesito que una amiga me la revise pues yo soy de las que narran a partir de las emociones, mientras que mi amiga Fran, apartir de lo que ve, de la descripción. Entonces ella me ayuda en ciertos detalles que me hacen demorar la subida.
Les advierto que la novela desde ahora en adelante se viene muy buena, mucha acción, conflictos, peligro, amor, TODOOOOOOO! Asi que no se la pierdan.
Otra cosa, si ven que no respondo en LiamImYours busquenme en el personal.
Bueno eso, las amo muchísimo.
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 13: “Libro abierto”
Nunca se me había hecho tan difícil mirar a mi amigo a sus ojos, pues jamás tuve miedo de llegar a sentir algo más por él, como me estaba pasando ahora. Tuve que aguantarme las ganas de salir corriendo cuando él se levantó y dio un vacilante paso acercándose a mí.
—Noeh—balbuceó.
Emití un leve sonido invitándolo a continuar, ya que yo no era capaz de hablar.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Me preguntaste eso hace diez minutos—me arrepentí de haber ocupado un tono cruel con él. —Mi respuesta sigue siendo la misma—por más que quise sonar más dulce, no me salió. Estaba sonando evasiva nuevamente.
—No te lo preguntaría si no sintiera que hay algo que me ocultas—admito que me sorprendió que él también comenzara a usar un tono más fuerte conmigo. —Te conozco muy bien y sé que me estás esquivando por algo—dijo tras unos largos segundos de silencio.
—Ya te dije antes, no te estoy esquivando—le reiteré. —Estoy así por lo que viví anoche, tú también actuarías raro si hubieses estado en mis zapatos—mi respuesta fue sincera, pues lo de nuestra cercanía ocurrió la misma noche que el ataque de aquel hombre, solo que él no lo asimilaría con lo primero.
—Sé que todo es más difícil para ti—lo miré extrañada. —Tú eres mucho más sensible que todos los que estamos acá y esto te esta afectando más que a nadie—agregó acercándose lo suficiente para tocar mi brazo, como si quisiese darme ánimo.
— ¿Me estás diciendo débil?—pregunté a la defensiva, separándome de él.
—No, no quiero decir eso—respondió rápidamente. —¿Por qué estás empeñada en buscar alguna razón por la cual molestarte conmigo?—preguntó.
—No estoy haciendo eso.
—Pues yo lo siento así—acotó él. —¿Sabes qué? ¡Me cansé! —exclamó golpeando la pared que había a su lado. —Cuando quieras hablar: búscame—fue lo último que dijo antes de dar media vuelta e irse.
Apenas él dobló por el pasillo, desapareciendo de mi campo visual, yo apoyé mi espalda en la pared y me dejé caer al suelo. En busca de algún apoyo físico, terminé por abrazarme a mis piernas y recliné mi cabeza. Estaba haciendo todo mal, le estaba causando daño a una de las personas más importantes de mi vida, y todo por mis insignificantes sentimientos. Necesitaba volver a mi casa y recuperar mi vida normal, en la cual no correspondía sentir algo más que amistad por tu mejor amigo, correr tras tipos malos, sentirse atraída por el chico misterioso y nada de lo que he vivido últimamente.
Estaba angustiada y me sentía una basura por dentro, pero ya no tenía lágrimas para derramar. Simplemente estaba allí, presa de mis pensamientos, queriendo que la tierra me tragara e intentando encontrar una manera de solucionar las cosas.
—¿Peleas con el novio?—levanté mi mirada al escuchar la familiar voz de Louis.
—No empieces—le pedí a la defensiva.
—Tranquila, no he venido a molestarte—sonrió torcidamente. —Solo venía a comprobar con mis propios ojos que sobreviste en el bosque esta noche—estaba por responderle algo de mal gusto cuando me interrumpió: —Admito que superaste todas mis expectativas, lo que te transforma automáticamente en una chica fuerte y respetable para mí—lo miré extraña al principio, pero luego que su mirada me confirmara que no estaba burlándose de mí, sonreí.
—Me encontraste en un mal momento—le dije yo.
—Lo supuse cuando choqué con Harry al venir aquí—guardé silencio, esperando a que él continuara. —Su cara me dejó en claro que algo había pasado entre ustedes—agregó la justificación.
—¿Cómo se veía?—no pude evitar preguntar.
—Desearía decirte triste, pero se veía molesto—me contestó. —¿Qué le hiciste? No me digas que lo engañaste con Liam—estaba tan distraída pensando que Harry estaba molesto conmigo, que se me olvidó responder esa pregunta. —¡Oh, mierda! Siempre lo supe, se notaba que estabas loca por él—comenzó a molestarme.
—¿Qué dices?—pregunté confundida.
—Es que siempre lo supe—seguía diciendo.
—Siempre supiste qué—inquirí aún sin entender lo que decía.
—Siempre supe que estabas interesada en Liam—repitió.
—¿Disculpa? —aclaré mi voz. —Yo no estoy interesada en tu amigo—lo miré fríamente.
—No soy tonto, Noelle—tocó suavemente mi barbilla, captando mi atención. —Llevo años dependiendo de mis instintos y de mis sentidos—sentí el misterio en su voz, eso mismo que trasmitía Liam. —Créeme que puedo ser muy observador, a mí no me engañas—me reprochó continuando con su enigmático tono.
Siempre consideré a Louis como alguien bien persuasivo e inteligente que se ocultaba bajo la fachada de cretino. Sin embargo, jamás pensé que sería capaz de decirme este tipo de cosas y hacerme caer en la realidad que él tenía razón. Claro que, esto último, jamás se lo haría saber.
—Te equivocas como siempre—agradecí que mi tono me siguiera el juego y me permitiera ocultar mi mentira. —Sé perfectamente lo que siento—agregué firmemente.
—¿Sabes qué, preciosa?—nuevamente rozó mi barbilla con sus dedos. —No te creo, pues tú me demuestras con hechos que yo tengo la razón—su mirada desafiante me puso la piel de gallina, mas me obligué a ocultar esta prueba de debilidad.
—¿Qué hechos? —lo desafié.
—La noche en el bosque te tranquilizaste y lograste conciliar el sueño gracias a él—no podía creer lo que estaba escuchando.
—Estabas despierto—le acusé.
—No iba a dormirme en ese momento, nuestras vidas dependían de ello—se justificó.
—Bueno, pero eso no quiere decir nada—me defendí.
—Sigamos entonces—se burló. —Fingiste desmayarte para evitar que Faye le disparara a Liam, ¿Me equivoco?—creo que mi rostro no fue capaz de ocultar la verdad, pues él sonrió complacido. —Puedo seguir si tú lo deseas—el tono burlesco en su voz volvía a hacerse presente como antes.
—No, ya entendí a dónde quieres llegar—negué con la cabeza. —Solo te repito, estás muy equivocado—él resopló ante mi respuesta y se puso de pie.
—Ven aquí—me tendió su mano para ayudar a incorporarme. No estaba asustada, por lo que acepté su ayuda y me paré. —Yo, a diferencia de los demás, me fijo en cada detalle—su voz me hizo estremecer.
—¿Detalles?
—En tus reacciones, elecciones, vacilaciones, en la forma que respiras, te desplantas…—él podría haber seguido enumerando más “detalles”, pero yo no aguanté más y lo callé.
—¡Basta!
Su mirada no era intimidante, mas su forma de hablar y su desplante ante mí eran como de un sicópata. Sentía como si en verdad él estuviese leyendo cada uno de mis reacciones, analizando cada movimiento.
—Pensé que habías venido a arreglar las cosas conmigo—dije a regañadientes.
—No estoy haciendo nada malo, solo digo la verdad.
—Deja de molestarme—lo empujé creando distancia. —Tú no me conoces, ni tampoco creas que algún día lo harás—quería irme, pero él podía tomarlo como una señal de debilidad, por lo que me quede allí.
—Está bien, como tú lo digas—suspiró.
Pude respirar tranquila recién cuando él retrocedió un paso y, luego de dedicarme una fría mirada, se dio media vuelta para irse de allí. Miré cuidadosamente cada uno de sus pasos, hasta que él dobló y bajó por las escaleras.
—Lo odio—jadeé en un susurro que solo yo pude oír.
Estaba esperando el sonido del último escalón para irme a buscar un lugar más privado donde pensar, mas este jamás se escuchó, sino que oí la seguidilla de veinte escalones que anticipaban su regreso.
—¿Puedo responder tu pregunta? —preguntó y yo, confundida, levanté mi ceja derecha.
—No te he preguntado nada.
—No intentes esconder tus sentimientos por Harry—respondió de todas maneras dejándome helada. —Son amigos, pero las cosas siempre pueden cambiar—habló pagado de si mismo. —Del amor a la amistad hay solo un paso—fue lo último que dijo antes de volver a bajar los escalones.
No tenía palabras para describir lo confundida que me sentí en ese momento. Dentro de mi cabeza había una guerra de emociones. Rabia, angustia e impotencia. Sinceramente no sabía que yo era tan predecible y fácil de leer; siempre había querido ser un poco más misteriosa. De todas maneras, no era eso lo único que me tenía mal en estos momentos, sino que el miedo de qué ellos tuvieran razón me atormentaba.
Si estuviese en casa, en mi vida normal, lo más seguro es que me hubiera encerrado en mi cuarto a llorar. Pero aquí yo no tenía esa alternativa, no tenía un sitio privado donde pudiera desahogarme tranquilamente y al mismo tiempo, esconderme de ellos. Además, las cosas estaban muy complicadas como para pasar horas llorando o sin hacer nada productivo. Ahora más que nunca necesitaba encontrar la manera de irme de aquí, de volver a mi realidad.
La verdad me daba terror bajar las escaleras y enfrentarme a los demás como si no hubiera pasado nada. Sabía que en el primer piso estaban todos excepto Liam, quien aún seguía en el cuarto de baño, por lo que era seguro que me toparía con Harry. De todas maneras, me coloqué al comienzo de las escaleras y respiré hondo varias veces para cobrar las fuerzas suficientes para bajar.
— ¿Todo está bien?—me volteé al oír a Liam.
Me quedé sin aire cuando lo vi con su torso desnudo y con apenas una toalla cubriendo la mitad inferior de su anatomía. Su cabello húmedo por el baño me recordó el momento antes de desmayarme en sus brazos. Sentí como la sangre comenzaba a acumularse en mis mejillas subiendo levemente la temperatura en mi rostro.
—Sí, todo está perfecto—mentí.
—En ese caso transmítele eso a tu cara—me había descubierto. —Pareces como si estuvieses caminando hacia tu tumba—él continuó su camino hacia el cuarto, pero antes me palmeó el hombro.
—Espera.
Él se detuvo y se dio media vuelta para mirarme, mas yo bajé mi mirada.
—¿En verdad soy tan predecible?—pregunté llena de angustia tras unos segundos.
—¿Por qué preguntas?
—Limítate a contestar—le pedí.
Liam dio apenas dos pasos y quedó frente a mí. Me tomó trabajo lograr mirarlo a los ojos, mas si quería una respuesta sincera, era lo mínimo que debía hacer. Él por su parte llevó su mano a mi mejilla y me analizó, como si quisiera entender el porqué de mi pregunta.
—Es fácil saber que pasa por tu mente—habló en un susurro. —Pero eso no es malo—se apresuró en contestar al ver mi expresión de decepción.
—¿Cómo no va a ser malo?—inquirí dolida. —¿Tú crees que me gusta que los demás puedan leer mi mente, mis pensamientos?—agregué colocando mi mano en el pecho de Liam para alejarlo un poco de mí. La cálida temperatura y suavidad que mis dedos palparon me hicieron recordar que no había nada que cubriese su torso. Peligrosa manera de averiguarlo. Sin poder controlarme, bajé mi mirada fijándome primero en sus forzudo torso, luego en sus musculosos brazos y finalmente, en su trabajado abdomen. Definitivamente fue un grave error, pues luego de caer en la tentación de su cuerpo se me hizo muy difícil volver a concentrarme y sobretodo, de levantar la mirada nuevamente a sus ojos.
—¿Te da miedo?—su voz me hizo volver a la realidad.
—¿Miedo?—balbuceé aún algo distraída. Por poco se me olvida qué estaba hablando antes de que mis hormonas me traicionaran. —¿Por qué debería darme miedo? —pregunté.
—No lo sé—respondió él. —Entonces explícame por qué te preocupa tanto—yo estaba por responderle cuando él me interrumpió. —Pero vayamos al cuarto, ahí hay más privacidad y además así puedo vestirme—una leve risa se le escapó al decir lo último, lo que me dio a entender que se había percatado de mi indiscreta mirada a su cuerpo.
—Está bien.
Me tomó por sorpresa sentir como su mano buscaba la mía y sus dedos se entrelazaban con los míos. Mi corazón aceleró su ritmo, al mismo tiempo que aguanté la respiración. Su mirada me analizó como si quisiese saber qué me había provocado con ese leve, pero dulce, detalle. Sin embargo, la desvió en cosa de segundos en dirección al cuarto, mientras que con leve tirón me obligaba a caminar tras él. Odiaba admitirlo, pero amaba como se sentía su mano enlazada con la mía.
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hola hermosas ♡ lamento no haber subido en días. La verdad he estado cero inspirada y este capitulo lo escribía y volvía a borrarlo… no me convence, pero prefiero subirlo de todas maneras y sorprenderlas con los siguientos. Les advierto que quedan solo unos capitulos para que comience la acción como corresponde.
¿Les cuento algo? ¡LIAM PAYNE ME SIGUIÓ EN MI TWITTER PERSONAL {@Sofii_Flores} EL 9 DE FEBERO! :)
Bueno eso, las amo muchísimo.
Si ya lo leíste te ruego que me des tu opinión en:
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 12: “Una ventana”
No tardé en volver a la realidad, mas mis sentidos aún estaban algo débiles como para arreglármelas por mí misma. Apenas lograba situarme en lo qué estaba pasando y recordar lo que había pasado. Solo podía recordar el rostro de Liam, su cabello mojado por la lluvia, su cercanía y su expresión de desaprobación. Al poco rato recordé la razón por la que estaba en tan mal estado, esta me tomó totalmente desprevenida causando que yo me estremeciera y jadeara de susto. El tipo que quería matarme estaba suelto aún, tal vez podía estar mirándonos en este mismo momento.
Me aferré con más fuerzas a su cuerpo, escondiendo aún más mi rostro en su cuello. No quería mirar el paisaje, no cuando mi mente podía jugarme una mala pasada y ponerme aún más nerviosa.
—Tranquila—su voz en mi oído me causó un leve hormigueo que se extendió por todo mi cuerpo. —Estarás bien—su promesa fue tan sincera que llegó directamente a mi corazón.
Levanté mi mirada en busca de la suya. La posición solo me permitía mirarlo de lado, debía admitir que tenía un buen perfil. La curvatura de su nariz era perfecta, la que todo hombre desearía tener. El volumen de sus pestañas no era algo deslumbrante, ni tampoco eran onduladas como me hubiera esperado, pero eso le daban un toque más varonil a su mirada. Tenía su mentón un poco sobresaliente y una mandíbula bien definida, en la cual, tímidamente, se dejaban ver unos atractivos lunares. Claros que estos eran insignificantes comparados con la marca que tenía en su cuello, la cual supuse que era de nacimiento.
—Al menos te tranquilizaste un poco—su voz me hizo volver a la realidad.
Llevé rápidamente mis ojos desde sus carnosos labios hasta los suyos. Él me estaba mirando de reojo y parecía divertido. Claramente había notado mi intensa mirada en él, lo que me causó mucha vergüenza.
—Sigo asustada—mi voz sonó ronca por el largo rato en el que no había hablado. —Me siento insegura estando aún en el bosque, sin mencionar que muero del frío—agregué.
—Nadie te pidió que te perdieras en el bosque—su enojo volvía amenazante, dispuesto a comenzar una pelea.
—No estaba perdida.
—Llevo quince minutos caminando y aún no llegamos.
Estuve horas corriendo en el bosque, no era un gran misterio que estuviéramos tan lejos de casa. Al menos ahora las nubes estaban claras, gracias a la llegada del día, lo que nos permitía ubicarnos sin mayor problema. Sin embargo, la lluvia no había disminuido ni un poco durante este tiempo.
Cuando me sentí con las fuerzas suficientes le pedí a Liam que me bajara. Él insistió en que podía llevarme durante todo el camino, pero yo no cedí a ello. No iba a permitir que el chico fuerte del grupo gastara sus energías cargándome en sus brazos, no cuando lo íbamos a necesitar tanto. Finalmente él me dejó ir por mi propia cuenta, se lo agradecí.
—Por lo menos, apóyate en mí—algo en su mirada y en su tono de voz me hicieron obedecerlo sin mayores rodeos. —Gracias—reí algo confundida ante su agradecimiento cuando me apoyé en él. No podía negar ni esconder lo mucho que me gustaba estar cerca de él o tener su aprobación, era como si mi cuerpo lo necesitase.
Mis piernas aún temblaban un poco, mas intenté que Liam no se diera cuenta de ello para que no volviera a insistir en tomarme en brazos. Cada vez que perdía el equilibrio, me apoyaba un poco más en él y me excusaba diciendo que era debido al lodo.
Durante el camino no podía dejar de pensar en los reiterativos cambios de actitud de Liam y en lo mucho que me había gustado esta faceta de él. Me había encantado que se quedara conmigo en la cocina cuando me encontró y que saliera a buscarme cuando yo me había decidido en ir tras el peligroso hombre. Claramente aún me faltaba mucho por conocerlo como para entender sus misteriosos cambios de estado. Seguramente había una razón para que fuese así y yo deseaba llegar a conocerla. Anhelaba conocerlo más.
Fue tranquilizante cuando nos vimos nuevamente en el pueblo después de la gran caminata, me sentía como en casa. Cuando me ubiqué tuve el impulso de largarme a correr hacia la casa de la pelirroja, mas Liam me tomó del brazo prediciendo mi intento. Su agarre fue suave, mas tuve que aguantar la respiración, morder mis labios y cerrar mis ojos para no quejarme de dolor. Mi quemadura.
—Liam—jadeé.
—¿Qué ocurre? —preguntó preocupado al notar mi expresión de dolor.
—Mi brazo—me quejé.
—Verdad que tienes un corte, lo lamento—se disculpó al mismo tiempo que quitaba su mano de mi extremidad.
Yo negué con la cabeza y con un leve gesto le indiqué que camináramos hacia un almacén del pueblo que tenía un techo sobresaliente que nos podía refugiar de la lluvia. Allí me saqué la campera que usaba para dormir, quedando en una simple remera negra de manga corta. El frío me abrazó con una leve brisa que me colocó la piel de gallina.
— ¿En qué momento te hiciste esto? —exclamó sujetando cuidadosamente mi brazo entre sus manos. Palmeó el tejido sano que rodeaba la gran quemadura y luego me miró esperando una respuesta.
—Cuando el hombre entró yo estaba preparándome algo caliente…—no fue necesario darle más detalles, pues entendió de inmediato cómo había terminado la historia.
Su estado de animo varió entre la rabia y pena por unos largos minutos, en los cuales nos mantuvimos en silencio. Luego, volvió a mirarme y sus expresiones se suavizaron al mismo instante que sentí unas inesperadas ganas de llorar. Mantuve firme su mirada por unos segundos hasta que él volvió a concentrarse en mi dañado tejido.
—Este es tu brazo de guerra—dijo de repente. —Tiene todas las marcas de lo que hemos vivido—sus dedos comenzaron a subir lentamente hasta llegar a mi bíceps, donde estaba el corte que me había hecho durante el accidente vivido en el tren, cuando yo con Niall nos encontrábamos en la cafetería y resonaron los primeros disparos.
El recuerdo de nuestro viaje me atacó con fuerzas, desgarrando todo a su alrededor, derrumbando las últimas fuerzas que me quedaban en ese momento. Me era demasiado difícil de entender que eso solo había ocurrido hace cuatro días atrás, siendo que yo sentía que habían pasado semanas desde aquel episodio. En tan pocos días habían ocurrido tantas cosas, donde había estado más veces cerca de la muerte que en todos mis demás años de vida.
—Van a quedar marcas, Liam—levantó su mirada hacía mí. —Marcas que me perseguirán por el resto de mi vida—mi voz se quebró.
—Son heridas de guerra, Noelle—sacó su mano de mi brazo y la llevó a mi mejilla para secar las traviesas lágrimas que se me habían escapado. Yo cerré mis ojos disfrutando de su suave contacto —En el futuro vas a mirar las cicatrices y vas a recordar lo valiente que fuiste—sus palabras me hicieron llorar aún más.
— ¿Tendré futuro? —pregunté en un sollozo, mientras abría tímidamente mis ojos.
—Te prometo que no morirás—la seguridad en sus palabras me calaron en lo profundo del alma. Quería creer en él, pero aún habían muchas cosas que me faltaban saber para poder hacerlo.
— ¿Qué está pasando aquí, Liam?
Bastó solo esa pregunta para lograr que él volviese a subir ese muro que lo apartaba de mí, que protegía todos sus secretos y que lo hacía parecer tan frío. Hubiese deseado retroceder el tiempo y no haber realizado esa pregunta para poder disfrutar de su cercanía un poco más. Sin embargo, su reacción me dio la razón en una tesis que estaba planteándome: él sabía perfectamente el porqué nos estaban atacando.
—Volvamos a casa—se limitó a responder.
Yo resignada asentí con la cabeza.
Él ayudó a colocarme la campera con cuidado para no pasar a llevar mi quemadura, fue un gesto muy dulce que se lo agradecí con un sonrisa. También me colocó el gorro de una manera amigable y juguetona que me hizo reír.
Liam había levantado el muro, pero aún así había abierto una ventana que me permitía conocerlo más.
Caminamos bajo la lluvia en completo silencio, pero donde las miradas no faltaban. Me sentí más conectada que nunca antes con él y eso me causaba un leve cosquilleo en mi cuerpo. Al parecer mis sentimientos seguían perteneciéndole, aún sentía algo por él y cada vez se estaba haciendo más fuerte.
— ¡Díos mío!—exclamó Faye al vernos entrar a su casa, al mismo tiempo que saltaba desde el sillón y corría a abrazarme. —Gracias a Dios que estas a salvo, estuve muy preocupada—luego de abrazarme se alejó un poco y me miró de pies a cabeza. —Estás hecha un desastre—rió.
No era una novedad lo que me dijo, pues ya tenía asumido que me veía espantosa con toda la ropa mojada y sucia con el barro. Pero pese a esto, ellas nos permitió entrar con la condición de que nos quitáramos los zapatos y calcetines para que luego fuéramos directamente a darnos un baño. Me causó risa cuando me quité las zapatillas de Harry pues me parecía mentira que yo hubiera podido correr tanto con ellas. Dejé el par en la entrada de la casa y luego me apoyé en la pared para quitarme los calcetines. Lo mismo hizo Liam.
— ¿Tú primero? —me preguntó.
—Si quieres anda tú—le ofrecí.
—No, quiero que tú vayas antes que yo, sino podrías resfriarte—sonreí al escuchar sus palabras. Él no quería que yo me enfermara, eso quería decir que le importaba.
—Tú también puedes resfriarte—objeté yo.
—Acaso, ¿Quieres que nos bañemos juntos? —levanté rápidamente mi vista hacía él, como queriendo comprobar lo que acababa de escuchar. Nuestras miradas se toparon por unos segundos en los que noté el brillo de picardía en sus ojos.
Mi mente recreó toda la posible escena que podía ocurrir si yo decía sí ante su pregunta. Odié haber pensado en ello, pues no tardé en sentir mis mejillas ardiendo de vergüenza.
—No era lo que trataba de decir—reí nerviosamente.
—Lo sé, Noeh, solo bromeo—rió él llamándome por mi apodo.
Noté la curiosa mirada de Faye en nosotros, mas no quise darme por aludida. Seguramente le parecía extraño que nosotros estuviésemos hablando y con tanta complicidad. No era difícil de imaginarse que había pasado algo entre yo y él que habían cambiado las cosas.
Finalmente, Liam me dijo que fuese a bañarme rápidamente, por lo que me puse manos a la obra. En el camino vi de reojo a Harry, quien al verme, dejó de mirar por la ventana y corrió hacía mí. Sin embargo, yo aún estaba algo confundida por lo que había pasado entre él y yo, por lo que fingí no haberlo visto y seguí hasta esconderme en el baño.
Asumo que mi actitud fue muy inmadura y me arrepentí de ello, pero el daño ya estaba hecho y ya podría enfrentarme a las consecuencias luego. Prendí la ducha y esperé unos segundos para que el agua se entibiara.
Luego de unos minutos bajo la regadera logré apreciar lo dañada que había terminado después de lo vivido. Tenía todas mis piernas con pequeños cortes y rasmilladuras, heridas que no me dolieron en el momento, pero que ahora comenzaban a arder y hacerse notar. Sin embargo, lo que se robaba toda mi atención era la quemadura en mi brazo, que comenzaba a hincharse y a retener liquido. La imagen era perturbadora, pues jamás pensé que me iba a quedar una marca tan grande de lo vivido en este lugar. Yo quería volver a casa y olvidar todo lo que había pasado, pero ya no podría hacerlo. Sentí un leve dolor en el pecho y me costó respirar, estaba angustiada, mas no quería volver a llorar. Me obligué a ignorar toda clase de recuerdo y a disfrutar del baño en toda su plenitud.
Salí de la bañera mucho más tranquila, mas esa sensación no me duró lo suficiente, pues al salir me encontré con mi mejor amigo apoyado en la pared con sus brazos cruzados sobre el pecho. Sus claros ojos se aferraron a los míos y yo no fui capaz de ignorarlos pues claramente me estaban exigiendo una explicación. No sabía que hacer, no cuando los recuerdos de su cercanía anoche, me nublaron el juicio y robaron mis palabras.
—¿Cómo estás? —preguntó algo nervioso, tanteando el territorio.
—¿Cómo crees que estoy? —le respondí un poco a la defensiva sin razón alguna. —Harry necesito ir a vestirme—agregué señalándome que solo una toalla cubría mi cuerpo.
—Me estas evitando, te conozco—tragué sonoramente ante su acusación.
—No es verdad, solo deseo ir a vestirme—su mirada de desaprobación me puso aún más nerviosa. —Es verdad, Harry, estoy incomoda andando en toalla aquí—nuevamente soné más molesta de lo que hubiera deseado.
Sin darle momento para responder comencé a andar. El sonido de sus pasos me advirtieron que él me estaba siguiendo sin pronunciar ninguna palabra. Agradecí cuando llegué a nuestro cuarto y pude encerrarme en él para poder vestirme.
Unos minutos después tocaron la puerta y escuché la voz de Liam pidiendo permiso para entrar. Yo ya estaba vestida, por lo que no tuve problema en aceptar su petición. Cuando entró me vio sentada sobre la cama con la mirada totalmente perdida, no necesitaba ser un genio para entender que algo iba mal.
—Harry está esperando fuera—dijo luego de cerrar la puerta. —¿Paso algo?—preguntó.
—No importa, Liam—le respondí yo sin mirarlo.
—Es sobre lo que paso anoche, ¿Me equivoco?—guardé silencio, dándole la razón. —Él es tu amigo y esta preocupado por ti—dijo después. —Tampoco sabe lo que paso anoche, pues él estaba dormido—agregó.
—No sé que me pasa.
—¿Te gusta? —su pregunta me descolocó.
—No, claro que no—me apresuré en responder. —Él es mi mejor amigo—añadí.
—No me convences—acotó él. —Pero bueno, eso tendrás que cuestionártelo tú misma, yo ahora tengo que ir a bañarme antes que Faye lo haga por mí—dicho esto se marchó y dejó la puerta abierta.
Desde ahí pude ver a Harry sentado en el suelo, jugando con sus manos. Él levantó la mirada hacía Liam, le dedicó una torcida sonrisa y luego sus ojos se posaron en mí. No iba a poder ignorarlo por siempre, él era mi mejor amigo y se merecía mi atención. Por esta razón yo debía aclarar mis pensamientos y sentimientos.
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hola hermosas ♡ lamento no haber subido en días. He pensando que cada vez que me apuro en subirles cometo errores que no deberían pasar, por eso esta vez tomé la precaución y revise bien lo que iba a ponerles. Espero que les guste este capitulo. El siguiente se viene entre hoy o mañana, depende de cuanto me demore en escribir.
Atraída por el Peligro
CAPITULO 11: “Impulsiva”
Al abrir mis ojos él ya no estaba sobre mí, sino que estaba corriendo hacia la puerta. Él logró escabullirse poco antes que llegaran los chicos. Yo hubiera deseado correr y evitar que se escapara, pero mi cuerpo no reaccionaba. Mi corazón latía a mil por hora, tan fuerte que me costaba respirar.
— ¿Estás bien?—en el momento que me incorporé y levanté mi mirada hacia Liam fui consciente de lo mareada que me encontraba. Todo daba vueltas y tenía unas asquerosas ganas de vomitar.
La vacilación sobre si ayudarme o salir corriendo tras el extraño era evidente. Pero, luego de unos segundos se sentó a mi lado y me ayudó a inclinar mi cabeza hacia atrás para calmar mis nauseas. Escuchaba a mi mejor amigo hablar, pero no era capaz de entender lo que decía. Realmente me sentía fatal.
El solo imaginarme el desastre que había dejado en la cocina me hizo sentir peor, pues Faye no tardó en llegar y apreciarlo con sus propios ojos. Quería disculparme, pero aún no lograba tomar el control de mi cuerpo. Sentía el corazón latiendo en todo mi cuerpo, sobretodo en mi garganta.
Liam le ordenó a Zayn que me ayudase, mientras él empezaba a tomar las riendas del asunto. Le agradecí con la mirada que no se lo pidiera a Harry, pues después de lo vivido esta noche necesitaba un poco de espacio y aclarar mi mente. El moreno me acunó contra su cuerpo, al mismo tiempo que me acariciaba la espalda y me repetía que todo saldría bien.
—Cierren todas las puertas y ventanas—el tono que uso Liam me puso la piel de gallina.
Algo iba mal, muy mal.
Niall, Harry y Zayn no paraban de preguntar qué estaba pasando. Yo sabía que me habían atacado, pero también tenía la duda de el porqué lo habían hecho. No lograba encontrar una explicación razonable y eso me desesperaba. Necesitaba saber la verdad.
Mi mejor amigo y el rubio tuvieron que obedecer las órdenes de Liam e ir a cerrar todas las ventanas y puertas que hubiera en la casa. Faye los acompañó, pues ellos no conocían a la perfección la casa.
— ¿Estás mejor?—me preguntó Zayn luego de un rato.
Liam me miró de reojo, esperando mi respuesta.
—Sí, lo estoy—jadeé finalmente.
A los pocos minutos estuve en condiciones de incorporarme y comenzar a relatar lo que había pasado aquí. Louis me hacía muchas preguntas, mientras su amigo estaba demasiado nervioso dando vueltas por la cocina con cuchillo en mano. Me apretaba el estomago ver que ahora él estaba preocupado por mí, cuando hace unas horas se estaba comportando como un cretino. Ya no podía jugar más con su bipolaridad, ya no lo soportaba.
— ¿Tenía la cara pintada?—me interrumpió Liam apenas llegué a esa parte de la descripción.
—Sí—me limité a contestar.
— ¿Cómo era?—preguntó.
—No recuerdo bien—sinceré. —Parecía como si llevase una máscara en blanco y negro, pero era pintura—recalqué lo último.
—Louis, tengo que hablar contigo—dijo Liam antes de retirarse de la cocina.
Apenas ellos se marcharon yo le pregunté a Zayn que estaba pasando, por lo menos para saber sus alocadas ideas. Él me tranquilizaba diciendo que solo fue un robo, que no fue nada adrede por ser yo o por alguien de aquí. Yo tenía mis grandes dudas, pues por qué justo un ladrón iba a querer entrar a una casa habitada, en vez de las otras que estaban abandonadas. Era ilógico.
— ¿Y si era uno de los terroristas que atacaron el tren?—pregunté nerviosa.
—No creo que hayan podido llegar aquí—respondió.
La idea de que ese hombre fuera una de los terroristas me aterró, ya que eso significaba que no estaba solo. Además, si esos hombres mataron a sangre fría a tanta gente inocente, no me sorprendería que nos mataran a nosotros. Temblé con solo pensarlo.
Dejé de mirarlo a los ojos y desvié levemente mi vista a las ventanas que estaban tras él. Justo en ese momento vi que algo se movía fuera de la casa. Enfoqué más mi vista y ahí pude ver al mismo extraño que me había atacado. Él al verme comenzó a correr.
— ¡Ahí está! ¡Ahí está!—grité una y otra vez.
Al ver que Zayn no hacía nada al respecto y los demás chicos no estaban allí, decidí tomar el asunto en mis propias manos. Cogí un cuchillo y corrí hacía la puerta para poder seguirlo. El moreno trató de detenerme, mas yo lo esquivé para seguir con mi plan. La verdad no tenía ninguno, solo era mi instinto tomando las riendas del asunto.
El cambio de temperatura fue drástico, pues afuera había varios grados menos que dentro de la casa. Además, la lluvia se encargó de empaparme completamente en cosa de segundos. Pese a todos los factores ambientales seguí al hombre que me había atacado. Lo tenía solo a unos cuantos metros de distancia, por lo que lograría alcanzarlo. Él se escabulló por entremedio de los árboles y yo lo imité.
Los troncos pasaban por mi lado, uno tras otro. Definitivamente me estaba alejando mucho de la casa de Faye, pero no podía detenerme. No cuando estaba tan cerca de detener a ese hombre y robarle la verdad.
El viento me jugó una mala pasada, pues hizo que una rama cayera frente a mí, a unos cuantos metros. Ese pequeño percance me robó unos valiosos segundos, unos segundos que el hombre aprovechó para perderse entre la vegetación.
Me tiré al suelo de rodillas, sin importar ensuciarme con el barro. No podía creer que me había perdido la oportunidad de atraparlo. Ahora no sabía qué hacer. Me mantuve de rodillas en el suelo por largos minutos, dejando que la lluvia me mojara y el frío me arropara. Luego de eso, me dispuse a volver. Pero, no sabía por dónde hacerlo.
Estar aquí en esta oscuridad, con estas condiciones meteorológicas y entre tantos arboles me hacía sentir vulnerable ante aquel hombre. Cada ruido extraño me hacia estremecer, pues creía que era él. Además, mi mente me traicionaba y me hacía creer que había alguien atrás de cada árbol, cosa que yo fui cerciorándome que no fuera así. Claramente el miedo me estaba jugando una mala pasada. Me odié por haber sido tan impulsiva y llegar hasta aquí. Yo no estaba preparada para un ataque, no sabía defenderme de un hombre armado. ¿En qué estaba pensando?
Siguiendo mis instintos me puse a caminar. Creí que me había equivocado de dirección, pero al parecer no fue así. Entre el ruido de las gotas de lluvia y el batir de las ramas, escuché una voz que me llenó de calma. La voz de Liam. No estaba segura desde donde venía su voz, lo único que sabía es que estaba a unos cuantos metros de distancia.
— ¡Liam, aquí estoy!—grité con todas mis fuerzas una y otra vez.
De un momento a otro la voz de Liam se desvaneció y volví a sentirme perdida. Había logrado acercarme mucho a su paradero, pero aún no lograba verlo. Volví a sentirme desorientada.
Grité su nombre con todas mis fuerzas un montón de veces, al mismo tiempo que miraba a todos lados en su busca de alguna señal sobre él, pero nada parecía funcionar. Yo a estas alturas era una experta en imaginarme cientos de razones por las cuales él pudo haberse callado, y como siempre, éstas no me gustaron para nada. Sin lugar a dudas tenía que armarme de valor e ir en su búsqueda.
Para mi desgracia, pocos segundos después la tormenta empeoró enormemente. Los estruendosos truenos me ensordecían, al mismo tiempo que la luminosidad de los rayos me aterraban con su cercanía. Más encima, no podía preocuparme solo de dónde iban a caer los rayos, sino que tenía que estar pendiente de encontrar a Liam y de evitar al hombre que había tratado de matarme.
Respiré con tranquilidad cuando entre la cortina de lluvia pude divisar a un hombre de espaldas, desde donde yo estaba no se podía apreciar con mucha claridad, pero estaba claro que ese hombre era Liam. Corrí tan eufórica como una pequeña corre tras su padre en busca de protección y de calma.
—Menos mal que te encontré—jadeé agotada a pocos metros de él.
En ese momento todo mi mundo pareció derrumbarse ante mis ojos. El hombre al darse vuelta reveló la verdad, él no era Liam, sino que era el tipo que quería matarme.
—Te gusta tentar a tu suerte—su ronca voz me hizo estremecer, pero no fui capaz de alejarme.
— ¿Qué quieres de mí? —pregunté asustada retrocediendo unos pasos.
—Nada—respondió. —Solo que estuviste y estás en un mal lugar y tiempo—agregó con un tono de angustia. Él no quería matarme precisamente a mí, pero sí parecía que iba en busca de alguien en especial. Acaso, ¿esa persona sería Liam?
—No me hagas daño—le pedí, o más bien, le rogué.
—No me pidas lo imposible—tragué sonoramente, mientras veía como sacaba nuevamente su arma blanca desde su espalda.
Un fuerte trueno retumbó en nuestros oídos y a las milésimas de segundo una resplandeciente luz nos cegó. Aproveché ese momento para darme media vuelta y comenzar a correr, no lograba ver con claridad, pero mis pies parecían encontrar la manera de adecuarse al suelo.
Estaba agotada. Siempre me fugaba en clases de deporte y eso ahora me estaba cobrando la cuenta. Necesitaba detenerme, llenar mis pulmones de aire y recuperar mis fuerzas, mas no tenía el tiempo suficiente. Él venía tras de mí a gran velocidad con una mirada asesina, arma en mano y listo para atacarme. No sabía cómo zafarme de él.
Tal vez ya había llegado el momento de morir. Me había salvado de muchos accidentes en mi vida y quizás ya no tenía esa suerte. Todo tiene un límite, o eso creo.
La adrenalina me había mantenido rápida y con fuerzas por arto tiempo, pero el efecto ya estaba cesando. Mis pies no daban más, me dolían y pisaban torpemente debido al barro y el cansancio. Poco a poco, mis piernas también fueron debilitándose. Mis ojos ya no veían debido a lo enceguecidos que se encontraban tras los fuertes resplandores de los rayos, que por cierto, cada vez estaban cayendo más cerca. A tal extremo que uno cayó justo a unos diez metros a mis espaldas, derribando un gran árbol y apartándome del camino del despiadado. Eran unos valiosos segundos, quizás minutos, pero que yo no sabía aprovechar en su totalidad al no conocer el bosque. Miraba y miraba, mas no sabía por dónde ir.
Sin perder más tiempo corrí hacía mi izquierda, donde habían más arboles que me podían encubrir y proteger. Lo que necesitaba era encontrar un lugar donde esconderme hasta que los muchachos vinieran en mi auxilio.
Iba a sobrepasar un enorme roble de unos cien años, cuando mi corazón se detuvo al sentir que mi mano izquierda se había visto altamente presionada por la mano de otra persona, la que me jaló con fuerzas hacía el cuerpo de donde provenía. Tuve el impulso de gritar, pero antes que fuese capaz, ya tenía la otra mano presionando mi boca. Mi espalda chocó contra el torso de este desconocido. Quise voltearme para ver quién era, pero me tenía inmovilizada. Los latidos de mi corazón se desbordaron del susto y de la incertidumbre, y mis piernas amenazaban con fallar en cualquier momento. Me habían atrapado.
En la posición que me tenía el sujeto pude apreciar la silueta del hombre, que había querido atacarme, corriendo en dirección contraria. Si no era él quien me tenía apresada, ¿Quién era? Antes que pudiera pensar en mi pregunta, el desconocido se movió conmigo, permitiendo que el tronco del árbol nos escondiera de la vista de aquel demente. En este cambio de posición, mi mojada espalda impactó contra la vieja vegetación, obligándome ver cara a cara a quien me había salvado. Tragué sonoramente. Era Liam.
Al igual que el mío, su cuerpo estaba empapado por completo. Su cabello había oscurecido al menos dos tonos por la lluvia en él y sus pupilas estaban totalmente dilatadas; los orificios de su nariz se expandían y contraían al ritmo de su acelerado corazón y sus mejillas estaban enrojecidas por la acción. Sus ojos estaban llenos de furia y a la vez preocupación, las ganas de regañarme y golpearme por lo apresurada y necia que había actuado estaban latentes en su ceño fruncido. Yo, al contrario, no podía estar más feliz de verle, hasta tuve el deseo de arrojarme a sus brazos, mas yo aún estaba en shock por lo ocurrido.
—No hables—me advirtió segundos antes de retirar su mano de mi boca.
Mis piernas seguían temblorosas y yo aún no lograba recuperar el aliento. Mis energías se estaban desvaneciendo, pero por lo menos ya no estaba sola. Quería decirle a Liam que estaba exhausta, que apenas podía mantenerme en pie, mas ante su advertencia no había mucho que hacer.
—¿Estás loca?—empezó. — ¿Cómo se te ocurre salir de esa manera de la casa?—apoyó sus manos en el tronco en el que estaba apoyada, acortando la distancia entre nosotros. —Tú no sabes cómo tratar con un hombre armado—seguía reprochándome, mas yo estaba totalmente distraída con su cercanía, embriagada con solo sentir su aliento fundiéndose con mío.
Por más que quería seguir contemplando su cercanía, no pude. Los efectos colaterales de haberme exigido tanto se estaban haciendo presentes, dejándome débil y algo mareada. No lograba mantener un punto fijo, sino que todo daba vueltas y más vueltas. Mis músculos comenzaron a relajarse rápidamente, quitándome todas las fuerzas. Liam se percató a los pocos que algo iba mal conmigo, justo a tiempo para sujetarme cuando mis piernas me fallaron. Su primera reacción fue sujetarme, luego me alzó en sus brazos, haciendo que mi cabeza descansara entre el hueco que hay entre su cuello y su hombro. Cuando llueve siempre hay un aroma particular, a tierra mojada, a las plantas y otras cosas, pero pese a que estuviese lloviendo a cantaros, el único olor que recuerdo antes de desmayarme era la loción de él.
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 10: “Intruso en casa”
Cuando me acerqué, él también se acomodó sobre la cama, quedando cara a cara frente a mí, al mismo tiempo que su mano se aferró fuertemente a mi cintura. Se me detuvo la respiración en ese momento, pero volvió a normalizarse cuando me percaté que Harry seguía durmiendo. Tal era la cercanía de nuestros rostros que yo era capaz de sentir su respiración chocar suavemente contra mi cara. Desde esta distancia podía ver cada pequeño detalle del rostro de mi amigo y por alguna razón me gustaba su cercanía. Tenía una expresión tan dulce y tranquila que me apretaba el estomago, deseaba poder sentirme igual que él en estos momentos. Mi corazón ya no sabía como comportarse, se aceleraba y detenía cada vez que Harry respiraba.
—Interesante—me giré bruscamente hacía mis espaldas al escuchar la voz de Liam. —Estás despierta y aún así no te alejas—sentí como el calor subía a mis mejillas. Agradecí a la oscuridad por disimularlo.
— ¿Qué haces aún despierto y mirándome?—pregunté molesta en un susurro.
—No te sientas tan importante, Noelle, simplemente desperté justo a tiempo para ver aquella escenita romántica—sabía que él estaba mintiendo. Él me había estado mirando desde hace mucho antes, tal vez ni había dormido.
—Eres un entrometido y mentiroso—solté. —Nunca estuviste dormido—me respiración se aceleró cuando Harry volvió a acomodarse, esta vez alejándose de mí.
—Ese es mi problema—respondió.
—Se transforma en mío cuando violas mi privacidad—dije apenas me cercioré que mi amigo siguiera profundamente dormido.
—Si quieres me doy vuelta y sigues disfrutando de tu privacidad con Harry—sus palabras me cansaron. No quería seguir discutiendo con él, por lo que me dispuse a levantar. — ¿Dónde te vas? —preguntó.
—Ya me cansé, Liam—suspiré. —No puedo dormir si tú me estás vigilando, no puedo esta tranquila si me molestas todo el tiempo, no puedo seguir con todo esto—el piso estaba frío por lo que metí mis pies en las zapatillas de Harry. —Iré a buscar otro lugar donde dormir—finalicé.
La casa de Faye era un laberinto de día, por lo que no era una sorpresa lo perdida que me sentí en medio de la oscuridad. Iba palmeando las paredes para evitar tener un accidente y en el camino me encontré con varios pasillos, pero no me decidí por cual ir, simplemente seguí derecho.
Una leve luz me alumbraba el camino, por lo que supuse que la luna llena, pese a las nubes, también quiso hacerse notar esta noche. La temperatura aquí era aún más baja que en la habitación, a lo mejor porque en el cuarto nuestra temperatura corporal había entibiado el ambiente. A tal extremo era el frío que el vapor que salía de mi boca al exhalar era completamente visible.
No era una novedad que le tuviese miedo a la oscuridad, por lo que me sentía en una película de terror. Mi mente también me jugaba en contra, pues con cada ruido se imaginaba cientos de tétricas explicaciones de su procedencia. Además, ¿Quién no se asustaría en mi caso? Estaba en una casa desconocida, en un pueblo “abandonado”, escapando de un ataque terrorista, el piso crujía con cada paso que daba y las ramas chocaban sonoramente contra las ventanas por el viento. Lo más extraño de todo era que lo que más me importaba en estos momentos era lo que estaba pasando con Liam. Él durante todo este tiempo estaba jugando chueco, codo a codo con su bipolaridad. Me había hecho sentir cómoda en un principio, pero luego se encargó de hacerme sentir mal, desequilibrando todas mis emociones, creando un efecto totalmente contrario. No lograba entenderlo y eso me desesperaba, a mi me gustaba poder leer a la gente, saber cómo actuaran. Pero con él, mi método no resultaba.
Un fuerte ruido se hizo presente, seguido por una intensa luz. Al principio me sobresalté y me quede quieta, pero luego de entender que fue un trueno, seguí mi camino. El tema de Liam me tenía distraída y más de una vez casi tropiezo con las alfombras o chocó con puertas. Un error que no cometería si estuviera concentrada. Pero, no sabía cómo quitármelo de la mente.
Entre pensamiento y pensamiento llegué al mismo salón donde había estado llorando la noche anterior en los brazos de Harry. Lo más insólito de todo es que ese llanto fue causado por Liam, el mismo personaje que me ha hecho llegar a este lugar por segunda vez. Los recuerdos me hicieron querer alejarme de este lugar, pero el miedo a la oscuridad me retuvo allí.
Me acerqué al gran ventanal para poder admirar el hermoso paisaje de lluvia, sin embargo, no lo logré. La oscuridad ocultaba todo el paisaje bajo sus sombras y lo poco que se podría llegar a ver, las gotas de lluvia se encargaban de difuminar. Aunque solo me bastaba cerrar los ojos y escuchar para imaginarme el paisaje de allí fuera.
Visualicé el sofá y luego me fui a recostar. La superficie estaba helada y húmeda, pero no tardó en entibiarse con la calidez de mi cuerpo. Tenía muchas ganas de dormir, pero no podía hacerlo con tantas cosas en mi cabeza. Deseé poder llamar a Harry para poder hablar, pero no podía hacerlo después de lo confundida que me sentí con su cercanía. Todo este drama me estaba haciendo sentir cosas que en nuestra realidad jamás sentiría y tenía que mantenerme al margen para no cometer un error, un grave error. Me di vueltas y vueltas en el sofá, mas no lograba nada. Pensé en qué haría en mi casa en un caso similar. Algo caliente.
Admito que me aterraba la idea de ir a la cocina sola y a esta hora. Pero, eso era mejor que quedarme toda la noche desvelada, pues ahí si me moriría de susto. Respiré hondo y comencé a caminar. No me era muy difícil orientarme desde el salón a la cocina, pues ya había hecho este trayecto varias veces durante el día. Estaba a pocos metros de la cocina cuando oí un leve ruido venir desde allí. Mi volátil imaginación se encargó de buscar mil y una explicación a ese ruido, ninguna de ellas me gustaba del todo. Me había quedado petrificada en el lugar y mis piernas comenzaron a temblar. El susto me invadió.
No sé de donde saqué el valor para seguir caminando. Una parte de mí gritaba que me fuese corriendo al cuarto, mientras que por otro lado deseaba saber de dónde venía aquel ruido. A lo mejor me imaginación me estaba jugando una mala pasada, o eso quería creer. Tenía que averiguarlo.
Con el miedo a flor de piel llegué a la puerta de la cocina. Me asomé por el marco de la puerta y por lo poco que se veía no había nada ni nadie. Estiré mi brazo lo suficiente para dar con el interruptor y prender la luz. Definitivamente no había nada fuera de lo normal en la cocina, lo que me alivió muchísimo.
—El sueño me está haciendo mal—me burlé de mi misma en voz alta.
Aguardé unos segundos en silencio para cerciorarme de que no estaba pasando algo extraño y no se oyó nada fuera de lo normal. Llegué a la conclusión que todo fue parte de mi imaginación y que debía calmarme. Necesitaba algo caliente para dormir.
Preparé todo para hacerme un agua caliente. Puse el agua a hervir, busqué la taza entre los muebles, también encontré la azúcar y la bolsita de té. A los pocos minutos el agua hirvió, por lo que me serví mi anhelado té de hierbas. Definitivamente esto me ayudaría a conciliar el sueño, siempre funcionaba en mi casa.
Feliz me di vuelta para ir a sentarme a la mesita para tomármelo con calma. Pero, calma es lo menos que sentí en ese momento. Todo ocurrió demasiado rápido. Al darme la vuelta me encontré cara a cara con un hombre extraño que llevaba un cuchillo en su mano. Él estaba empapado por la lluvia, lleno de lodo y llevaba su rostro pintado de una manera bastante peculiar, como una máscara. Este mismo joven me echó una rápida mirada y luego se dispuso a atacarme con su arma blanca. Yo, gracias a mis buenos reflejos, lo esquivé al mismo tiempo que grité horrorizada. La taza de té se volteó sobre mi brazo, causándome mucho dolor. Pero no había tiempo para lamentarme por la quemadura, necesitaba alejarme de aquel desquiciado hombre.
La adrenalina corría por mis venas, lo que me ayudaba a moverme con agilidad. Sin embargo, el miedo me estaba causando una mala pasada, pues también actuaba con torpeza.
El hombre era joven, no superaba los treinta y cinco años. Tampoco lucía como un tipo malo, pero como dicen, las apariencias engañan. Pensé que no seguiría atacándome, pero me equivoqué, pues él no tardó en recuperar su postura y volver a intentarlo. Otro ataque fallido, pero esta vez me dejó tirada el suelo, vulnerable a su siguiente movimiento.
Quería rogarle que no me hiciera daño, pero las palabras no salían de mi boca. Estaba demasiado asustada para emitir cualquier sonido. Ni siquiera podía volver a gritar, lo que me estaba matando por dentro. ¡Necesitaba ayuda!
En ese momento pensé en mi familia. Si no morí en el tren, no podía darme el lujo de morir aquí. No cuando ellos aún estaban buscándome entre las víctimas de aquel ataque terrorista. Tampoco podía permitir que este hombre siguiera aquí y luego le hiciera daño a la gente que quería.
—No, no—jadeé.
Estaba levantándome cuando su pie contra mi espalda me arrojó nuevamente al piso. Su golpe fue tan fuerte que me costó recuperar mi respiración. Desesperada, así me sentía en aquel momento. No hallaba qué hacer para salvarme, pues me tenía acorralada y vulnerable ante sus movimientos. Iba a morir.
— ¡Noelle! ¿Dónde estás?—escuché gritar a Harry.
Rogué que mi amigo se fuese, que no viniese. No podía permitirme que él saliera herido por mi culpa. No en manos de este antisocial repugnante. Me di media vuelta para mirar aquel hombre y me chocó la imagen de verlo con el cuchillo a tan pocos centímetros de mi cuello.
—Por favor, no le hagas daño—mi voz sonaba ronca. Pero el mensaje se había entendido.
Los ruidos de los pasos de Harry se iban acercando cada vez más y yo moría por dentro. Deseaba gritarle a mi mejor amigo que se alejara, pero él vendría a como dé lugar. No sabía cómo solucionar esto.
El hombre cargó su peso contra el mío y apretó el cuchillo con fuerzas. Yo cerré los ojos esperando sentir el dolor de su ataque, pero lo único que sentí fue el alivio al oír la voz de Liam uniéndose a la de Harry.
—Mierda—ladró el extraño levantándose.
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Espero que les haya gustado este capitulo. Me sentí super mal por no haber subido en tanto tiempo, por lo que opté por subir dos seguidos. Ojalá les haya gustado la sorpresa. Las amo.
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Atraída por el Peligro
CAPITULO 9: “No soporto más”
Las cosas durante el día no mejoraron lo suficiente para sentirme cómoda y tranquila. La verdad andaba muy incómoda con las miradas y molestas actitudes de Liam. Me daba mucha lástima darme cuenta de cómo era él en realidad. Una basura.
Harry estaba notoriamente cansando de mi comportamiento. Se notaba en su tono de voz, en su mirada y gestos lo mucho que le molestaba que yo reaccionara ante cada comentario molesto de Liam. Estuvimos recorriendo gran parte de la casa para buscar un poco de privacidad, pero allí llegaban los demás.
La pelirroja, después de atender a su abuelo, se acercó a mí y me propuso una idea para que me relajara. Un baño caliente.
Ella se encargó de preparármelo, mientras yo iba al cuarto de los muchachos a buscar ropa limpia en mi bolso. Allí estaban todos conversando y me invitaron a unirme, mas yo me negué y seguí con lo que estaba haciendo. La ropa esta fría y un poco húmeda, pero aún así saqué unos jeans oscuros, una remera, un tejido y ropa interior limpia.
—Pero que ropa interior más sexy—se burló Louis.
—Se llama buen gusto—le seguí yo.
—Después podrías hacer un modelaje—continuó bromeando.
—No a ti—respondí.
Me sentí orgullosa de haber ignorado al cien por ciento a Liam, quien también hablaba por lo bajo. Pero, como yo no estaba pendiente de él, no entendí lo que dijo.
Estaba por entrar al baño, cuando Faye salió de este y chocó conmigo. Nos pedimos disculpas por el pequeño accidente, pero luego ella me indicó que tenía toallas limpias, artículos de aseo, secador de pelo y todo lo que necesitaría en el cuarto de baño. Antes de entrar le di un abrazo y le agradecí por esto.
Un aroma a vainilla inundó mis fosas nasales apenas entré. Miré la tina de baño que estaba al extremo derecho del cuarto y me causó emoción ver que tenía espuma. Hace muchos años que yo no me daba un baño de tina y menos con espuma. Era como volver al pasado.
Dejé mi ropa limpia sobre unas repisas de madera que había y luego me miré al espejo. Tenía un aspecto horrible. Mis ojos estaban hinchados, seguramente por haber llorado tanto últimamente. Mi pelo estaba enredado, opaco y frisado, nada parecido a como solía llevarlo. Mi cuerpo parecida agotado, apenas con fuerzas y estaba segura que ya había perdido un kilo de peso. Además que me veía muy menuda al interior de las prendas de Liam. Me sentía aliviada de poder quitarme aquella ropa, pero a la vez me daba un poco de lástima. Amaba el olor que desprendía su ropa, se me había hecho extrañamente familiar y sería extraño no estar con ellas. Pero, después de todo, necesitaba hacerlo.
Me desvestí, dejé la ropa sucia en el suelo y me metí a la tina. El contacto con la cálida agua fue un placer indescriptible. A medida que el agua iba cubriendo mi cuerpo, mis músculos se iban relajando, al igual que mi mente. Cuando estuvo completamente llena yo me acerqué y corté el agua. Apoyé mi cuello en el borde de la bañera y cerré mis ojos.
El silencio que quedó fue totalmente tranquilizante, apenas se oían unas pequeñas gotas chocar contra el agua. Tal vez faltó música celta, o alguna que fuese relajante, como si fuese una clase de spa. Pero, tampoco podía pedir tanto. Además, estaba cumpliendo su objetivo que era relajarme un poco.
Estuve largos minutos allí, embriagada con el olor a vainilla y con mi cuerpo disfrutando del agua caliente. Me mente parecía estar dando vueltas en cosas sin sentido, como si también se hubiese relajado. Pero, toda esa relajación desapareció cuando al acomodarme vi la ropa de Liam, pues comencé a pensar en él.
Según Harry yo no debía seguir pensando en él, pues me estaba haciendo daño a mi misma y le estaba dando en el gusto. Mi amigo creía que Liam estaba jugando conmigo y que parecía que estuviera escondiendo algo. Pero, de todas formas yo seguía pensando en él e intentaba explicarme por qué tenía esa doble personalidad. Tal vez yo hice algo que a él no le gustó, pero eso me parecía extraño después de haberle salvado la vida. Además, él también había sido muy atento conmigo al salvarme de un disparo en el tren, prestarme su ropa seca, consolarme aquella noche, correr al oírme gritar cuando Faye iba a dispararme, ayudarme a fingir mi desmayo. Él me cuidaba y se preocupaba por mí, pero a la vez intentaba alejarme, como si quisiese que yo lo odiara. Lo estaba logrando.
Todos los problemas volvieron a tensarme, pero el agua ya se estaba enfriando por lo que era hora de acabar con el baño. Me puse de pie, abrí el agua de la regadera y me limpié la espuma del cuerpo, mientras la bañera se vaciaba. Aproveché de lavarme el cabello y limpiar mi cuerpo con jabón. Cuando terminé salí y me tapé con la toalla.
Al estar seca me coloqué mi ropa, la cual estaba cálida por la temperatura del baño. Luego, me desenredé el cabello y me dispuse a secarlo. Tardé unos veinte minutos más en estar completamente presentable. Ocupé algunos maquillajes que tenía la pelirroja en el baño y me sentí como en casa. Me veía yo misma.
Antes de salir ordené el baño, abrí las ventanas para que se fuese el vapor y doblé la ropa de Liam para poder devolvérsela. El cambio de temperatura fue brusco, pero no tardé en acostumbrarme.
— ¿Qué tal el baño? —preguntó sonriente Faye al verme.
Me detuve y entré al cuarto donde estaba ella.
—Muy bueno, te lo agradezco.
—Te ves muy distinta ahora—rió. —Pasaste de vagabunda a una chica de alta clase—me hizo reír con su drástico cambio. Yo en verdad me sentía mucho más linda ahora que estaba bañada, era como si autoestima me hubiera subido por sí solo.
Ella me contó que los chicos ya habían cenado, pero que tenía mi plato guardado para cuando yo quisiese comer. La verdad me tranquilizó no tener que comer frente a Liam, pues se estaba haciendo un hábito muy incómodo. Faye me preguntó sobre que pasaba entre yo y él, pero no tenía una respuesta para ello. Simplemente le comenté que era muy confuso e hiriente para mí que alguien me tratara así en estos momentos. Ella me encontró la razón, pero al igual que Harry, me dijo que no siguiera pensando en él. Lo que más me sorprendió fue que Faye me dijo que Liam era peligroso para mí, que debía mantenerme al margen. Quise que me contara más, sin embargo, me respondió que yo debía encontrar mis respuestas.
Estuve largos minutos intentando descifrar lo que me dijo Faye, pues no sabía si lo decía porque el era peligroso de delincuente, o si de que puedo sufrir con él. En realidad había muchas perspectivas desde donde se podía apreciar a alguien “peligroso”.
En el cuarto donde iba a dormir esta noche ya estaban dormidos Zayn, Niall y Harry. Por esta razón intenté ser bien silenciosa cuando ordené mi ropa en el piso.
— ¿No tienes sueño? —me volteé al oír al moreno despertarse.
—Sí tengo, pero necesito ordenar un poco antes—le sonreí. —Lamento haberte desparto, no fue mi intención—agregué.
—Descuida—se restregó los ojos para aclarar su vista. —Te ves distinta—comentó.
—Me duché—reí.
—Pues te sentó bien ese baño, ahora luces radiante—su adulador comentario me hizo sonrojar, pero no escondí mi rostro.
—Eso ha sido muy tierno—me acerqué y le di un rápido beso en la frente. —Ahora puedes seguir durmiendo y no olvides soñar con Faye—me burlé.
—Admite que estás celosa—reí ante su comentario.
—Sí, sí, ¿Cómo no? —agregué entre risas.
—No te lo tomes como coqueteo, pero me gusta verte así de feliz—sonrió. —Harry antes de dormirse me dijo que estaba preocupado por ti, pues lucías muy triste—su noticia me apretó el pecho. —Pero, si te viera ahora cambiaria de opinión—agregó.
— ¿Qué más te contó Harry? —pregunté.
—Que me amabas—se burló. —No, linda, no me contó mucho—su respuesta no me tranquilizó, pues temía que las cosas que yo le contaba a mi amigo sobre Liam llegasen a él.
Seguí hablando con Zayn por unos minutos, pero nos detuvimos abruptamente cuando al cuarto ingresó Louis seguido de Liam. Ellos me miraron unos segundos y pasaron tras de mí sin decirme ninguna sola palabra.
Miré de reojo cómo Liam miraba mi bolso y mis cosas sobre una de las camas. Poco después se giró hacía a mí y nuestras miradas se toparon.
— ¿Vas a dormir aquí?
—Sí.
—Yo puedo dormir en el sofá, pero ella tendrá que compartir cama con alguien—me pareció tierno por parte de Louis que se ofrecería a dormir allí, pero por sus siguientes palabras se me olvidó darle las gracias.
—Puedo dormir en el suelo—respondí rápido.
—No te lo permitiré, pues amanecerás muy mal—agregó Zayn.
—Duerme con Liam—propuso Louis divertido.
— ¡Ni en sueños! —exclamé molesta.
Al parecer mi grito fue lo suficientemente alto para despertar a Harry de su profundo sueño. Él soñolientamente preguntó que ocurría y le contaron la falta de camas. Mi amigo al saber la propuesta de Louis se apresuro en responder que él podía compartir cama conmigo. Yo, por más que no quería que los demás se crearan falsas opiniones, acepté.
—Liam, luces triste por el rechazo de Noelle—le dijo Louis a Liam.
—Lo estoy—le siguió él.
—No sigan diciendo estupideces—le sonreí a Harry tras su pequeña, pero a la vez gran acotación.
—No sabía que ella necesitara a alguien que hable por ella—comentó Liam mirándome fijamente con un brillo de humor negro en sus ojos.
—Pues no lo necesito—respondí yo caminando hacía él. —Te recuerdo que ya te he respondido varias veces, cariño—me agaché un poco para quedar a su altura, pues él estaba sentado en el sofá donde dormiría Louis. —Y por si no habías visto, allí esta tu ropa que me prestaste—le señalé con el dedo hacia el mueble donde estaban sus prendas.
—Pensé que te gustaba su ropa—miré molesta a Louis de reojo. —Me callaré—agregó intimidado.
—Ahora, Liam, te pido que calles tu boca y me dejes dormir—sus ojos me hicieron estremecer, pero no perdí la compostura. Podía ver en ellos que yo había ganado esta partida, pero también me dio a saber que había hecho algo que le causó dolor.
Me levanté rápidamente antes de seguir mirándolo en busca de respuesta. Esta vez no me sentí feliz de haberle robado la sonrisa, ni siquiera cuando todos los muchachos estaban muertos de la risa por mis palabras y me felicitaban en su cara.
En unos minutos estuve recostada al lado de mi mejor amigo. Él para darme privacidad se giró y quedó mirando hacia la pared, dándome la espalda. Yo, por otro lado, quedé mirando de frente a Zayn y en diagonal a Liam. Este último me hacía difícil conciliar el sueño, pues no apartaba su mirada de mí.
Esperé unos minutos para ver si el desistía y me dejaba de mirar. Pero como él no lo hizo, tuve que girarme sobre el colchón, quedando frente a la espalda de mi mejor amigo. Admito que me era muy incómodo compartir cama con él frente a los demás chicos, por más que ya lo habíamos hecho antes desde los cuatro años.
Hubo un momento en la noche donde, al parecer, todos estaban dormidos. El silencio solo daba lugar a las respiraciones acompasadas de los chicos y a otros sonidos externos a nosotros. Me pareció que la tormenta empeoró, pues desde la habitación se podía percibir como rápidamente cada gota estrellaba con fuerza contra el techo de la casa. Además, el crujido de la madera era perfectamente perceptible, como así también lo era el chirrido de alguna ventana que había quedado inoportunamente mal cerrada en el piso de abajo.
Seguía pasando el tiempo y yo aún no lograba conciliar el sueño. Si antes el problema eran los ruidos, ahora lo era el frío. Tan baja era la temperatura que yo creía que si prendíamos la luz, a todos se nos vería la respiración. Involuntariamente me acerqué más a mi amigo en busca de su calor corporal. Un grave error.
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Perdón, chicas, por mi ausencia. No les mentiré, llegué hace el 17 de mi campamento de la iglesia evangelica y no fui capaz de retomar el hilo a la novela. Estaba pensando en tantas otras cosas, que descuide algo que me encanta, que es escribir. Tengo que aprovechar el momento y contarles que volví a ser creyente. En este campamento aprendí tantas cosas y lo más importante, volví a creer en Dios. A esta edad uno se deja influenciar mucho por las opiniones ajenas y siempre cuando es sobre Dios es como una critica-burla, de poco menos …”andate al convento” y no es así. Yo ahora no tengo verguenza en decir que volví a encontrar el camino y me siento feliz así. Además que conocí gente fantastica que me ayudara a seguir creciendo y avanzando por este hermoso camino. Si quieren hablar sobre esto, no teman en preguntarme. Yo feliz les contare mis experiencias y seguramente las impactaré :)
Bueno, retomando el tema de la novela. Creanme que se viene muy buena, tengan paciencia no más y preparense…
Las quiero muchisimo, gracias por esperar.
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